Superconductividad y mentiras piadosas

[Entrada publicada originalmente el 10 de enero de 2008 en http://www.cienciaxxi.com/2008/01/superconductividad-y-mentirijillas.html]

Acabo de leer un artículo en New York Times (When Superconductivity Became Clear (To Some)) realmente interesante.

Trata sobre cómo se resolvió el problema de la superconductividad. Ésta es una propiedad que ciertos materiales muestran a temperaturas muy bajas (el mercurio lo presenta por debajo de los -269ºC aproximadamete). Consiste en que el material ofrece resistencia nula al paso de la corriente eléctrica y otra cosita que ya explicaré algún día.

En 1908 Karmelingh Onnes (en la facultad le decíamos «el comelimones») consiguió licuar Helio, a una temperatura de unos 4K (-269ºC). Este evento fue muy importante porque dejó la puerta abierta para posteriores investigaciones sobre la conducción de la electricidad en metales a bajas temperaturas. Así que en 1911 descubrió que el mercurio presenta superconductividad a partir de la temperatura mencionada.

Y como ocurre siempre en física al aparecer un hecho nuevo, cientos de físicos intentar interpretarlo y ajustarlo a sus conocimientos previos, intentan amoldarlo a sus teorías ya establecidas. Nos dice el artículo que figuras como las de Einstein, Heisemberg y Bohr fracasaron en sus intentos.

Ya situados nos vamos a Princeton, al Institute for Advanced Study, donde Bardeen (un reputado físico que obtuvo popularidad por la invención del transistor) recluta a un desconocido Leon Cooper que acababa de obtener, en 1955, su posdoctorado. Jonh Bardeen le propuso resolver el problema de la superconductividad.

- Cooper: No sé demasiado del tema
- Bardeen: Yo te enseñaré

Y no le comentó nada de los fracasos de Einstein y compañía. Dicen que ocultar la verdad no es mentir, bueno… En este caso lo llamaremos mentirijilla piadosa, simplemente porque salió bien. Más adelante Cooper diría que olvidó mencionar la totalidad de los físicos famosos del siglo XX habían trabajado en el problema y habían fracasado. Pero, según Cooper, la omisión fue afortunada pues, en caso contrario, habría dudado en la resolución.

En menos de dos años elaboraron una teoría («dificilísima», en palabras de Cooper, y no le faltaba razón al muchacho) denominada Teoría BCS (Bardeen Cooper Schriffer). Si alguien muestra interés explicaré algo de ella los más divulgativamente posible en otra entrada.

En el 72 el Premio Nobel.

 

 

Y es que, en ocasiones, los grandes saltos conceptuales en ciencia lo han dado jóvenes científicos que no tienen la mente arraigada a una vieja tradición que les impide ver más allá. Han crecido con las nuevas teorías y las han asimilado como algo «normal». ¿No habéis visto cómo manejan los chiquillos de 10 años los móviles? No saben que hubo una época -no hace mucho, cuando ponían Mcgiver- en que no existían. Y se ríen de uno cuando les dices que cuando quedabas con algún amigo acudías al bar de la cita y los colegas iban llegando poco a poco, si tardaban pues consumías para aligerar la espera.


Hasta el infinito y más allá [Libro]

Manuel Seara atesora en su haber varios años de divulgación científica en prensa y radio, por tanto ha sabido convertir su libro «Hasta el infinito y más allá» en un texto para todos los públicos. Tal vez el iniciado en temas astronómicos vea asuntos que conoce de sobra, sin embargo sus páginas están llenas de temas de candente actualidad. Además, no viene mal refrescar la memoria y entrar en algunos temas desde una perspectiva nueva.

 


«Hasta el infinito y más allá» se divide en cincuenta y un capítulos breves de cómoda lectura. Aunque puedes saltar de uno a otro, con frecuencia el autor hilvana los capítulos para seguir un hilo conductor. Comienza hablando de historia de la astronomía, desde los babilonios hasta los días actuales, pasando por la revolución copernicana, Newton y, por supuesto, la relatividad especial y general de Einstein. Cuenta alguna que otra anécdota curiosa. Por ejemplo, a pie de página, haciendo referencia a Kepler:

«Su primer matrimonio con Bárbara fue por amor, pero el segundo, en 1613, fue una cuestión práctica (necesitaba una mujer que cuidara de él y de los niños), y eligió a su esposa, Susana, en un casting entre —al menos— once candidatas».

Trata la visión cosmológica actual y cómo hemos llegado hasta ella, con una sencillez y brevedad admirables. Este es un tema que suele costar al lector, sin embargo Seara procura presentar sus contenidos de forma clara.

«En el principio no había absolutamente nada, una nada tan absoluta que resulta diíficl de comprender por el ser humano».

A lo largo de varios capítulos traza ciertos esbozos sobre astrofísica y evolución estelar que al profano le pueden servir para iniciarse en este interesante mundo. Manuel Seara relata cómo en 2012 un grupo de astrónomos españoles comprobaron que dos enanas blancas pueden fusionarse para formar una supernova tipo Ia. Es una pena que la impresión del libro haya coincidido con la publicación del artículo Una asociación estelar condenada a la catástrofe, un trabajo liderado por el astrofísico Miguel Santander y en el que se detalla cómo ellos mismos han observado el «baile mortal» de dos de estos astros. Si hay una segunda edición, no estaría mal que se incluyera este importante resultado.

También encuentra lugar para hablar sobre astroquímica y astrobiología. Pero tal vez el fuerte del libro sea la gran cantidad de referencias a proyectos actuales investigar los entresijos el Universo, proyectos con acrónimos de lo más cachondos: CARMENES, PLATO, CALIFA, ALMA, MACHO, etc.

Los quince últimos capítulos los dedica a nuestro Sistema Solar y se podrían usar como libro de texto para nuestros estudiantes de últimos años de primaria y de secundaria. «Hasta el infinito y más allá» puede ser considerado un libro de referencia de Astronomía, Astrofísica y Cosmología para todos aquellos que quieran comenzar a entrar en estas disciplinas que tanto nos ha dado al ser humano.

Puedes escuchar a Manuel Seara en Entre probetas.


Tesla y la conspiración de la luz [LIBRO]

En los últimos años se ha puesto muy de moda poner a Tesla (1856-1943) en un altar de bondad y genialidad y destronar a Edison (1847-1931) a la categoría de ladrón de ideas y de malvado capitalista. Ni uno ni lo otro. Ni primero fue tan santo ni el segundo tan malo maloso. Sin embargo, Miguel A. Delgado no cae bajo la tentación de esta tendencia en su entretenido libro «Tesla y la conspiración de la luz», editado por Destino. No voy a hacer aquí una reseña al uso, pues ya lo hacen Mulet y Villatoro, entre otros. Estoy interesado en realizar solo un par de comentarios.

 

 

En primer lugar, insisto en la idea de que el autor no ha caído en tópicos modernos. Utiliza personajes reales para construir una historia inventada. El libro es claramente de ciencia ficción, pero con el telón de fondo de una distopía, un mundo en el que las cosas funcionan bajo la misteriosa «Red». Contar más sería caer en un acceso espoileriano. Si te gustan estos mundos que no existen y la ciencia ficción, esta es tu novela. Aunque, en realidad, se pinta una sociedad muy parecida a la nuestra, una sociedad en que solo lo convencional y establecido es útil:

 

«- Oh sí. A mi amada esposa le parecía ridículo que un hombre hecho y derecho dedicara tiempo a escribir relatos de… ¿Cómo llamaba Gernsback a ese género, Tesla? ¡Ah, sí! Ciencia ficción. Tenía que hacerlo a escondidas, en mi propia casa. Y lo mismo ocurría con mis otras aficiones: durante años, mi interés por los autómatas se vio reducido a la construcción de algunas pianolas y unos pocos mecanismos, de los que ni siquiera podía disfrutar porque, según Ava, mi mujer, hacía un ruido insoportable».

 

El segundo comentario tiene que ver con una historia relacionada con mi amigo Dani Torregrosa, autor del magnífico blog «Ese punto azul pálido» y su hija Diana. Es muy posible que en el colegio te dijeran que la radio la inventó Marconi, pero como bien señala Dani en La radio la inventó Marconi, el Tribunal Supremo de EEUU le acabó dando la patente a Tesla por esta invención (1943). Mi opinión todavía es más general, la historia de la radio está llena de nombres que han aportado ideas, si nos referimos a una radio útil para las personas de la calle, vale, Tesla. El caso es que en su libro de texto aparecía este ejercicio, y ella, como buena disidente, contestó lo que aparece:

 

 

Esta historia pareció agradar a Miguel A. Delgado, un amante de las historias bien contadas. Así que dedicó unas palabras a modo de guiño en el capítulo 32 de «Tesla y la conspiración de la luz»:

 

«Diana Grosstower hacía siempre los deberes a la misma hora en que su padre se sentaba ante el televisor para ver las noticias de la noche. [...] Para ella, lo único que importaba era el ejercicio que tenía ante sí, y cuyo enunciado decía: “Ordena los objetos y adivina el nombre del inventor”. [...] Los dibujos representaban, esta vez, distintos modelos de aparatos de radio, desde uno inmenso como el de casa del abuelo hasta otros pequeños como maletines. En este caso eran siete las letras: “M”, “C”, “A”, “O”, “N”, “R” e “I”».

Evidentemente los guiños en los libros no deben machacarse al 100 %, así que aquí hay más cosas escondidas que dejo en el tintero. En cualquier caso, me parece interesante el asunto: ¿debemos enseñar a nuestros menores a dudar de lo que le contamos los adultos? Desde mi punto de vista, un rotundo sí. Estamos en la línea de la anterior cita, hacer lo que no es habitual produce «ruido», molestia. Dejemos que los niños armen jaleo y el futuro será diferente.


Abejas, científicos y Charlie Hebdo [Charla]

Me complace invitar a todos los lectores a la charla que daré en Murcia este sábado 28 de febrero a las 18:00 h. Me invitan los amigos de ADCMurcia, con la colaboración de ARP. Más información en el enlace y en el cartel de abajo.


Medicina sin engaños [Libro]

Medicina solo hay una, la que cura. Esta es la consigna que Mulet levanta en la mano durante todo el discurso que mantiene en su tercer libro de divulgación científica, Medicina sin engaños. En la introducción (puedes leerla de forma gratuita), avisa al lector:

«No soy médico. Por lo tanto, en esta obra no vas a encontrar ninguna indicación sobre qué tratamiento seguir para una enfermedad, ningún consejo para que tomes tal o cual medi- camento ni ninguna pauta para prevenir una determinada dolencia».

Así es, pero su experiencia en investigación científica y su titulación (bioquímico) le sitúa en una posición de conocimiento adecuado, sabe de lo que habla. Lleva años luchando contra las pseudociencias en general y contra las pseudomedicinas, en particular. Su labor divulgativa desde la asociación escéptica ARP y el blog Naukas avalan una relación estrecha con el lector más profano. Y es que si Mulet abría un camino con Los productos naturales ¡vaya timo! y había dejado huella tras Comer sin miedo, este tercer libro lo eleva a la primera fila de los divulgadores científicos en lengua castellana.

No tiene problema el autor en ser tajante con aspectos de sobra conocidos y que, sin embargo, a veces el ciudadano de a pie olvida. Un ejemplo es esa idea de que antes se vivía más y mejor, una falacia fácilmente desmontable:

«La edad de oro de la que habla la mitología de diferentes culturas, en la que el hombre era feliz, no tenía que trabajar y no enfermaba, no existió nunca».

El tono del libro varía entre irónico y sarcástico, no espere el lector encontrar un tratado de medicina. Se trata de un recurso que Mulet maneja a la perfección (hay momentos en que tienes que soltar una carcajada), pues para poder desmontar algunas falacias o falsas ideas preconcebidas el único medio —a veces— es el humor. Y es que un médico (de los de verdad) no te diagnostica al azar ni por anécdotas, «el hecho de que un médico te diga lo que tienes y te prescriba un tratamiento es la consecuencia de varios milenios de historia de la medicina». Sin embargo, las pseudomedicinas son obra de unos iluminados, de momentos concretos en la historia y de su propia experiencia. No nos engañemos, la medicina (la de verdad) «ha conseguido que dolencias que eran mortales, como una otitis o una caries, ahora sean poco menos que anecdóticas». En este sentido de contraste con las pseudomedicinas, Mulet acierta al decir:

«También es cierto que los fallos o los errores suelen magnificarse porque siempre es más llamativo un titular en el que se lea: “Un fármaco causa la muerte de varios pacientes” que “Miles de fármacos salvan la vida de miles de pacientes todos los días”, siendo las dos afirmaciones ciertas».

El autor sabe que la medicina (la buena) es el resultado de una actividad humana, «no es más que la acumulación de aciertos y el descarte de errores del pasado». Por contra, en las pseudomedicinas vemos que los errores se acumulan y no hay una intención de enmienda: que no hay moléculas de un principio activo en una disolución acuosa, nos inventamos la memoria del agua. En este caso estamos hablando de la homeopatía. Mulet arremete contra todas las pseudomedicinas, sin pelos en la lengua, porque en materia de salud hay que ser valientes y decir las verdades en mayúsculas. Entre una enorme lista de «medicina chunga» encontramos: homeopatía, osteopatía, psicoanálisis, naturopatía, hidroterapia, acupuntura, quiropráctica, magnetoterapia, etc. Y entre las chorradas varias podemos leer sobre epidemias de autismo, curas milagrosas del cáncer, negacionismo del sida y antivacunas.

 

Es destacable que J. M. Mulet no deja cabos sueltos, analiza los argumentos que suelen usar los «clientes» de los pseudomédicos, tales como el «amimefuncionismo» o como la manida historia de que las farmacéuticas malísimas empresas que nos quieren robar (es mejor donarle el dinero a un pseudomédico). Refuta estos argumentos con palabras sencillas, pero no lo reproduciremos aquí, será mejor dejar al lector que lo descubra por sí mismo, viajando por las páginas de Medicina sin engaños. Los tiempos en los que creíamos que dentro de nosotros había una fuerza vital han pasado a la historia, hoy sabemos que el funcionamiento de nuestro organismo se rige por reacciones químicas. Conocer estas reacciones es y ha sido una de las bases de la medicina actual. No podemos ignorar esto, el mejor camino para luchar contra estafadores y timadores es la educación. «La información es la mejor defensa contra la estafa». Al final del libro nos ofrece un estupendo Decálogo para evitar pseudomédicos, una lista de simples consejos y, sin embargo, sabios. Consejos de cajón, tales como que «si te duele algo, ve al médico». Y si aún así no lo tienes claro:

«Guíate por el principio de que si una terapia parece una gilipollez, realmente lo es».

J. M. Mulet ha dejado en el panorama editorial una obra de referencia y pone tarea al lector, aunque no sabemos si es consciente de ello. Las múltiples referencias dejan al usuario del libro con ganas de seguir

investigando, con el deseo de poder leer toda la bibliografía e indagar en todos los casos que se cuentan (asombrosos algunos, surrealistas). Tal vez a Destino le ha faltado cerrar el libro con un índice por palabras, para poder navegar con soltura por el texto y revisar los conceptos importantes. Les animo que lo incluyan en la segunda edición, pues este libro de Destino está destinado al éxito más rotundo.

 

Puedes encontrar a Mulet en:

 


Amores binarios

Mañana es San Valentín. Que sí, que ya lo sé, que es el día de El Corte Inglés, pero me apetecía compartir un vídeo. Se trata de Rafa Pons, un cantautor que en los últimos años ha ido tomando terreno en el sector, no sin razón. Personalmente sus letras me encantan, su humor, su frescura y, evidentemente, su forma de cantar. Su último disco es Disimula y en él aparece un tema titulado Amores binarios. Me ha hecho gracia el estribillo, porque dice así:

 

«Será que soy de amores binarios, porque a mi lado uno y uno son tres [sic]».

 


No hagas trampas, si no has escuchado la letra, escúchala, de verdad que la canción es muy bonita. También es muy bonita la idea, sin embargo hay un pequeño error de cálculo (sin acritud, con todos mis respetos y mi cariño). En binario uno y uno no son tres, son dos, igual que en decimal. Para que nos salga tres tendríamos que sumar 10 +01, ahí sí salen tres :

 

10=2, 01=1 –> 10 (2) + 01 (1) = 11 (3)

 

Como puedes ver, el propio Rafa Pons comparte el disco en Youtube, todo un detalle. También lo puedes adquirir por solo 8,99 € (al menos en iTunes), y allí he ido, pues le devuelvo el favor. No, no me paga por la publicidad (no sabrá ni que existo), simplemente comparto que no pasa nada por consumir cultura y pagar por ella. Calculo que son unas seis cervezas, ¿tanto es?

 


Las hormigas suicidas y el lado oscuro del comportamiento colectivo

La manada inteligente [libro]

El libro que ha escrito Peter Miller goza de una narrativa joven y carente de letargos. En «La manada inteligente» podemos encontrar todo tipo de historias perfectamente hilvanadas, tanto es así que se me antoja difícil que el lector —por muy vivaz que sea— conozca todas ellas con detalle. La lectura de seguido es tarea ardua, pues a cada momento se apetece buscar un vídeo o ampliar información sobre las curiosidades que introduce con sutilidad. El objetivo de Miller es directo [spoiler]: el propio ser humano se comporta como una manada inteligente. El autor analiza los seres vivos que de manera clásica han formado conjuntos: abejas, hormigas, termitas, langostas, estorninos, etc. Lo interesante de esta sinergia es que «distribuyen la solución de problemas entre un gran número de individuos, cada uno de los cuales sigue instrucciones simples sin llegar a tener una visión global de la situación. Nadie está al mando». Los pilares de una manada inteligente son la autoorganización, la diversidad de conocimiento, la colaboración indirecta y el mimetismo adaptativo. Animamos al lector a que se sumerja en este compendio de bichitos maravillosos, ideado por un habitual de National Geographic, Peter Miller. Sin embargo, quisiéramos desde aquí desvelar al menos uno de los secretos que guarda [spoiler], lo que vamos a denominar las hormigas suicidas.

 

 

Las hormigas suicidas

En el capítulo dedicado a las hormigas, nos cuenta Miller que estas no son inteligentes, pero la colonia sí lo es. «Cuanto más observas a una hormiga, más ganas te entran de ayudarla», dice el autor citando a Deborah Gordon. En este capítulo describe el modo en el que las hormigas discurren por trayectorias concretas, siguiendo el rastro de feromonas dejado por sus congéneres. Con esta idea en la cabeza saltamos a uno de los últimos capítulos, el dedicado a las langostas. Allí nos cuenta cómo a la naturaleza se le puede ir de las manos eso del «culo veo culo quiero». El biólogo T. C. Schneirla encontró un grupo de hormigas sumido en una actividad extravagante: giraban describiendo circunferencias sin parar:

 

«Aquella tarde había caído un buen aguacero y eso posiblemente había interrumpido la incursión y eliminado el rastro química que mantenía conectado al grupo con la colonia principal de hormigas. Cuando dejó de llover, los primeros individuos del grupo probablemente habían salido a explorar el área sin apartarse de la periferia del grupo, donde se sentían más seguros. Al hacerlo, dejaron un rastro circular de feromonas que las demás hormigas no tardaron en seguir. Al cabo de un rato el rastro era tan intenso que ninguna de ellas era capaz de escapar.  [...] Al final del día, las hormigas habían dado vueltas durante más de quince horas».

 

Del artículo de Shneirla, 1944.

 

Se trata de «el lado oscuro del comportamiento colectivo». En 1944, Schneirla estudió el comportamiento de las Labidus parador en el artículo «A unique case of circular milling ants, considered in relation to trail following and the general problem of orientation», en American Museum Novitates. No es el primer caso registrado Ant mill (molinillo de hormigas), en 1921 William Beebe observó un «molinillo» de 365 m de diámetro,  en el que las hormigas tardaban 2 horas y media en dar una vuelta completa. Aquí abajo dejamos algunos sorprendentes vídeos al respecto.

 




Y ya que estamos, una de hormigas que escriben en grupo (un truco inquietante):


Nos engañaron con MacGyver

En el mundo de la divulgación científica es muy típico hablar de lo mal que quedan aquellas explosiones de naves espaciales en el espacio, pues en el vacío el sonido no puede transmitirse. Podemos irnos a la situación opuesta, ¿qué ocurre con todos esos vídeos musicales que se grabaron en lugares donde había distintos sonidos? Esos sonidos han sido silenciados, ya sean por considerarse desagradables o simplemente porque se consideran ruido. Mario Wienerroither se ha encargado de tomar muchos de estos vídeos y dejarlos con sus sonidos originales, los que muestran las propias imágenes. En su canal de youtube puedes ver una cantidad abrumadora de estos vídeos. Desde el mítico I want to break free (puedes oír, por ejemplo, la aspiradora), pasando por el vídeo de la bolita de Miley Cyrus y llegando a desmitificar series de nuestra infancia, como el coche fantástico y nuestro físico de referencia, MacGyver. Como dicen en The Daly Dot, Wienerroither no odia la música, ama el sonido. Disfrutadlo.


El increíble caso de las niñas a las que les crecía un pene

Esta entrada participa en la iniciativa #LunesPollas, de La Ciencia de la Mula Francis.

 

Las Salinas es una pequeña localidad en República Dominicana con poco interés turístico. Está situada al sur de la isla, a unos 200 km de la capital, Santo Domingo, donde trabajaba el dominicano Luis Guerrero. Este joven médico escuchó historias sobre niñas de Las Salinas que se convertían en niños en la pubertad. Dicho de otro modo: a las niñas les crecía un pene. Guerrero mostró interés obsesivo por la cuestión, en comparación con otros médicos de su época, tanto es así que se llevó el caso a Estados Unidos cuando empezó a trabajar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell (Nueva York). Parece que Guerrero tenía poder de convicción, pues consiguió que sus compañeros investigadores viajaran hasta Las Salinas para comprobar con sus propios ojos este extraño fenómeno que afectaba ya a varias generaciones.

 

 

Poco más de 20 chicas habían nacido con evidentes rasgos de mujer. De hecho sus genitales tenían aspecto femenino, con clítoris y labios. En todos estos casos las familiares las educaban como a una chica, con vestimenta de chica, juegos de chica y tareas que en la comarca se asignaban a las chicas. Pero, como se ha dicho, cuando llegaba la pubertad les crecía pene y los labios mayores se transformaban en escrotos que albergaban los testículos.  En Las Salinas las llamaban «machihembras» o «guevedoces» («huevos a los doce»). A partir de entonces sus vidas cambiaban, pues se convertían en hombres en todos los sentidos: la voz se les hacía más grave y la musculatura se le desarrollaba. Sin embargo la aceptación nunca era completa entre los chicos, su pene era más corto de lo habitual y la barba nunca iba a estar igual de poblada. El equipo de Cornell supo desvelar el misterio y fue tal el éxito que consiguieron publicar sus resultados en la revista Science, en diciembre de 1974: Steroid 5α-Reductase Deficiency in Man: An Inherited Form of Male Pseudohermaphroditism (Deficiencia del esteroide 5-alfa-reductasa en hombres: la herencia del seudohermafroditismo masculino). Resumiendo, todos los hombres que analizaron presentaban carencia de la enzima 5-alfa-reductasa, cuya función es convertir la testosterona en un andrógeno muy potente, la dihidrotestosterona (DHT). Cuando una vida humana se está gestando, las células del nuevo ser en el útero de la madre necesitan órdenes, de hecho suspenderían en la competencia de autonomía e iniciativa personal. Es decir, nunca recibieron el mensaje para convertirse en los genitales externos masculinos. La testosterona también puede activar los receptores de DHT, pero con menor eficacia, además las machihembras no fabricaban suficiente cantidad. Pero esto se solucionaba en la pubertad, la tempestad de testosterona hacía que los receptores se activasen para acabar convirtiendo supuestas chicas en chicos, con penes y testículos. ¿Y cómo llegó a sus conclusiones el equipo de investigación de la Universidad de Cornell? Buscaron el origen de este asunto, algo en común. Encontraron veinticuatro hombres pertenecientes a tres familias diferentes. Ascendiendo en el árbol genealógico encontraron un pariente común, una mujer siete generaciones atrás llamada Altagracia Carrasco. Desde ahí llegaron a la conclusión de que había un origen genético. Y así es, una mutación relacionada con la 5-alfa-reductosa.

 

Hacer clic sobre las fotografías para ampliar. Fuente: http://www.usrf.org/news/010308-guevedoces.html

 

Hacer clic sobre las fotografías para ampliar. Fuente: http://www.usrf.org/news/010308-guevedoces.html

Referencias

  • Julianne Imperato-McGinley, Luis Guerrero, Teofilo Gautier, Ralph E. Peterson: «Steroid 5α-Reductase Deficiency in Man: An Inherited Form of Male Pseudohermaphroditism», Science, Vol. 186 nº. 4170 pp. 1213-1215 (1974)
  • Ralph E. Peterson, Julianne Imperato-McGinley, Teofilo Gautier Erasmo Sturla: «Male pseudohermaphroditism due to steroid 5α-reductase deficiency», The American Journal of Medicine, Vol. 62, nº. 2, pp. 170–191 (1977)
  • Larry Joung, Brian Alexander: «Química entre nosotros», Alianza Editorial, Madrid (2014)

I Concurso de relatos breves de ficción sobre pensamiento crítico «Félix Ares de Blas»

Siempre es un placer divulgar un concurso de relatos, más cuando se trata de pensamiento crítico. Este año se inaugura el Concurso de relatos breves de ficción sobre pensamiento crítico «Félix Ares de Blas», de cuya convocatoria se encarga la asociación escéptica ARP. Hay dos modalidades, una para el público en general y otra para estudiantes de segundo ciclo de ESO, Bachillerato y ciclos. Los premios son una placa y un lote de libros relacionados con el pensamiento crítico, para ambas modalidades. Estás a tiempo, pues el plazo de entrega termina el último día de este mes de enero. ¡Anímate!

 

Fuente: http://www.escepticos.es/node/3752