¿Te creías especial? Pues el universo no tiene forma de distinguir quién es quién

Un nuevo trabajo en física cuántica muestra que la mera identidad compartida puede generar conexiones reales entre partículas que nunca han interactuado, y obliga a replantear qué entendemos por separación, individualidad y vínculo en el tejido más profundo de la realidad.

Si alguien te dijera que estás conectado con todas las partículas del universo, probablemente pensarías que acabas de caer en una charla de autoayuda cuántica con incienso, cuencos tibetanos y afirmaciones de Instagram. Pero espera. Porque ahora va la parte incómoda: resulta que eso podría tener algo de verdad. O mejor dicho, algo de física. Y de la buena.

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Si no lo nombras, no existe: ¿educamos o mentimos?

Decimos que lo hacemos por ellos, pero la mayoría de los rodeos lingüísticos nacen de nuestro miedo a afrontar límites, frustraciones y conflictos. Y, si no enseñamos a nombrar el mundo, difícilmente podremos enseñar a vivir en él.

En la serie Animal aparece una escena que no es baladí. Una señora va con su hija porque Leslie, su cobaya, parece tener un embarazo psicológico. La madre procura convencer al veterinario de que, efectivamente, se ha quedado preñada como las perritas de compañía, «de cabeza». Pero precisamente eso es lo que tiene el veterinario, cabeza, así que se da cuenta de que está encinta de verdad. Y la verdad era que la cobaya de la peque había muerto. La madre, queriendo proteger a su hija del sufrimiento, compra otra cobaya y… le llegó con sorpresa uterina. ¿Qué hizo? Liar al veterinario para engañar a la niña, pero no salió bien. ¿Por qué? Porque la verdad reluce y la madre acaba siendo vista por la niña como —ahora sí— un animal sin escrúpulos. «El infierno está lleno de buenas voluntades o deseos», como diría San Bernardo de Claraval.

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Lo que pasa cuando cambiamos árboles por pantallas: una mente más cansada y el juicio subcontratado lejos de nosotros

Las consecuencias que tiene vivir lejos del mundo real y demasiado cerca del ruido que nos agota la mente.

Hay quien dice que el ser humano moderno se ha separado de la naturaleza. Una frase comodín, muy útil para abrir charlas de domingo y cerrar debates de sobremesa. Pero quizá haya algo más inquietante detrás de la idea. No me refiero a abrazar árboles ni a recuperar el “instinto ancestral” que, sinceramente, si existió alguna vez lo perdimos más o menos cuando descubrimos el microondas. Hablo de algo mucho más cotidiano: la sospecha de que tanto asfalto y tanta pantalla nos están volviendo un poco peores pensando.

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Un parque de atracciones muy nuclear

Cuando estudiaba la asignatura de «Física para el tratamiento y el diagnóstico en Medicina» me contaban los experimentados que antiguamente había una técnica de diagnóstico llamada «Resonancia Magnética Nuclear». Hoy podemos ver en nuestros hospitales la «Resonancia Magnética». Son la misma cosa. Parece ser que se le tuvo que quitar el segundo apellido de Nuclear porque sonaba mal. Este miedo a lo nuclear no ha terminado y parece que no terminará nunca, ya sea por desinformación o por exceso de la misma. Siguiendo esta línea, me declaro a favor de la energía nuclear, aunque pueda llegar a entender los miedos que una persona pueda tener al respecto. Puedo entender los miedos de una persona informada, no de una persona manipulada. Puedo entenderlos, pero no los comparto. No todos tenemos los mismos miedos. Me gustó mucho la trilogía adolescente Divergentes, sobre todo en este aspecto: cada persona tiene sus miedos. Y muchos miedos son irracionales, a pesar de que los razonemos, un miedo es un miedo.


Uno de los miedos de Cuatro es la altura. Esta noria aparece en la versión cinematográfica de Divergentes, es una atracción real emplazada en Chicago. Créditos: «Giant Wheel Navy Pier Chicago«. Licensed under Public Domain via Wikipedia. Continuar leyendo «Un parque de atracciones muy nuclear»

«Las armas las carga el diablo, pero las dispara un hijo de puta»

La portada de ABC de hoy, 7 de agosto de 2015, es de las  más desafortunadas que se han visto en los últimos años. Nos gusta el titular fácil, amarillista, lapidario. Pero en este caso es absurdo y lleva a la confusión: «Hiroshima: la bomba que deshumanizó la ciencia».

Portada de ABC de 7 de agosto de 2015

Todos estamos de acuerdo (espero) en que el uso de la energía atómica por esta vía es una barbarie, aquello fue una tragedia indiscutible. Sin embargo, siguiendo la línea del título, se me ocurren otros titulares para otras tragedias (de menor calado en cuanto a número de personas pero tragedias al fin y al cabo), elijamos al azar tres noticias del mes de agosto (si algún afectado lee esto, le presento mis respetos):

 

– La mano que deshumanizó los cuchillos (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/08/06/catalunya/1438891053_873704.html).

– El mechero que deshumanizó el fuego (http://politica.elpais.com/politica/2015/08/05/actualidad/1438787465_381518.html).

– El cubierto que deshumanizó las cenas (http://politica.elpais.com/politica/2015/07/25/actualidad/1437847851_079373.html).

 

La ciencia no es una persona, no disfruta de intencionalidad. La intención la pone el ser humano. Es el hombre el que realiza la acción: los cuchillos pueden ser buenos o malos, el fuego puede ser bueno o malo, la cena puede ser buena o mala… la energía atómica puede ser buena o mala. Todo depende del uso. Una vez escuché en la televisión a un soldado que decía: «Las armas las carga el diablo, pero las dispara un hijo de puta». Qué razón tenía ese chico. Afortunadamente, el uso de la energía que podemos extraer del átomo tiene otras muchas aplicaciones. En mano del ser humano está usarla de un modo o de otro. ¿Un conductor suicida por una autopista en sentido contrario deshumaniza el tráfico?, ¿un profesor pseudocientífico deshumaniza la Educación?, ¿un falso cirujano que deja morir a sus pacientes deshumaniza la medicina? Absurdos.

No creerás las tonterías que te mandan por WhatsApp

Si hace una década los correos en cadena nos hacían tener miedo al no reenviarlos (podías morir en las manos de un asesino de ascensor si no reenviabas tu correo a cien contactos), hoy WhatsApp le toma el testigo con todo tipo de dislates. Hace un par de días llegaba a mi terminal de móvil el siguiente mensaje:

En realidad lo compartió un contacto (afortunadamente planteando su dudosa veracidad) en uno de esos numerosos grupos de WhatsApp que tenemos silenciados (al menos un servidor). Sinceramente, llevo tiempo mordiéndome los labios cuando llegan mensajes como estos, porque luego acabas como el pedante amigo tocapelotas que se cree que lo sabe de todo cuando niegas o, simplemente, dudas de las afirmaciones que corren por ahí. Pero este tema me parecía serio, pues es una forma cruel y desalmada de meter miedo en el cuerpo a las personas, padres de familia y gente que quiere vivir en paz. Sin ir más lejos, me acaban de describir que una señora en la frutería ha comentado que ha dejado de ir a ver a su hija por terror a coger el coche. Lo primero que hice cuando vi el mensaje de arriba fue desgranarlo un poco, solo un poco, pues no iba a perder tiempo con un texto tan burdo, tan mal redactado y que olía a fraude desde lejos. Así se lo hice llegar a mis contactos en plan sabiondo, veamos seis puntos:

 

1. Si Protección Civil da un comunicado con un «puede que» [el comunicado habla de la posibilidad de que ocurra] se considera alarmismo injustificado. ¿De verdad un organismo de este tipo va a contribuir a que cunda el pánico?

2. El mensaje está entero en mayúsculas, de difícil lectura y sospechosa oficialidad. No quiero creer que un comunicado de alarma sea de tan engorrosa lectura.

3. Si buscas (fue el jueves 6 de febrero) «Comunicado de Protección Civil en Cádiz», no encuentras nada. ¿No debería tomar un comunicado como este una mayor respuesta mediática?

4. Un comunicado que empieza por «La meteorología no para de dar sorpresas desagradables» no es un aviso, es amarillismo. Te mete miedo y te predispone ineludiblemente a que te creas cualquier cosa. Normal.

5. Si te encuentras un «como que ya digo» [línea 11] en un comunicado oficial, ¿de verdad crees que sigue siendo oficial? En este tipo de textos, la primera persona del singular desaparece.

6. El meter datos históricos no pinta nada en un aviso. Es un adorno que se considera ruido en este tipo de mensajes.

 

Y sin contar con el punto de «1.965» y «1.956», que inducen las ganas de arrancarte los ojos. Este tipo de mensajes maliciosos son deprimentes por dos aspectos: primero porque hay personas que lo hacen con eso, con maldad, y segundo porque hay otras personas que se lo creen. Estar informados, alfabetizados científicamente y tener algo de cultura te ayudan a no caer en estas tramposas cadenas virales de aburridos internautas (mejor dicho,  güasapautas). Si al final acabamos teniendo un ciclón extra-tropical tendríamos precisamente el tipo de ciclón que se da en nuestra zona, puesto que ni estamos en los trópicos ni en los polos, sino en latitudes medias. Cuando oímos palabras nuevas nos asustamos. Ahora se ha puesto de moda la ciclogénesis explosiva, como si antes no las hubiera.

Como decía, si terminamos siendo sorprendidos por algún tipo de amenaza meteorológica importante, dejemos que sean los organismos encargados los que nos alerten: 112 y AEMET, como bien dicen en la página oficial de Facebook de Asociación Provincial de Voluntariado Protección Civil y Emergencias Cádiz: (eso sí, cuando hagas una captura de pantalla, ten el cuidado y la buena fe de emborronar los nombres de las personas que comentan):

Así que hoy nos enfrentamos a nuevos cauces de entrada de pseudociencias y timos en la sociedad. Recuerda a partir de ahora los dos mandamientos de todo güasapero:

1. No creerás las tonterías pseudocientíficas que te mandan por WhatsApp.

2. No reenviarás las tonterías pseudocientíficas que te mandan por WhatsApp.

 

 ACTUALIZACIÓN
Siguen llegando mensajes absurdos. Este es el último, ¿se tratará de algún chaval que quiere perder clase mañana? El problema evidente es la redacción del aviso: parece que está escrito por un chimpancé amaestrado. ¿En serio la vía de comunicación a la ciudadanía es WhatsApp? Hombre, un poco de pensamiento crítico.

Aviso del Ayuntamiento del Sanlúcar.Estamos en ALERTA ROJA, se ruega a todos los ciudadanos de la lolacalidad de Sanlucar y alrededores que intente no salir de sus casas,desde las 18:00 horas hasta mañana por la tarde debido al fuerte viento que viene de mas de 90 kilometros por hora llamado CICLOGENESIS EXPLOSIVA.
Los institutos y colegios permaneceran cerrados ya que es un peligro para los ciudadanos tanto por el viento y la lluvia salir a la calle, hay mas peligro aun sabiendo que nuestro pueblo esta pegado al mar y pueden venir fuertes y grandes olas del estrecho.
Difundir este mensaje inmediatamente a todos vuestros contacto es whatsaap , espero que hayan visto las noticias y esten preparados para lo que pueda suceder. Mucha suerte y espero que hagan caso a nuestro aviso.

 

NOTA: si el mensaje ha sido redactado por alguna persona con buenas intenciones, debería primero saber cómo se comunican las alertas. El infierno está lleno de buenas intenciones.

Niños borrachos y el declive de la ciencia

Una de las últimos mitos que han metido en la cabeza de mis alumnos es que tomar un cucharada de aceite antes de beber alcohol te convierte en una especie de superhombre que no se emborracha. Se les insinuó que podían beber todo lo que quisieran sin preocuparse de estar mareados, una propuesta del todo disparatada. Decir esto a adolescentes siendo adulto es, cuanto menos, una irresponsabilidad. Por suerte, la mayoría de mis alumnos están entrenados para el pensamiento crítico y dudaron -lógicamente- de esta afirmación. La única parte de verdad que tiene este mito es que retrasa un poco los efectos del alcohol, simplemente porque la absorción es más lenta, punto. Pero no elude la entrada de alcohol en el organismo. Lo cierto es que beber alcohol en cantidades masivas es perjudicial para la salud, lo mires por donde lo mires.

Fuente: sonicando.

Uno de los problemas de un país que realiza recortes en ciencia es que, a la larga, redunda en la educación de sus ciudadanos y son más las personas que recomiendan a niños y adolescentes barbaridades como las de arriba. Un país sin ciencia es un país inculto. Un país sin ciencia es un país enterrado en los mitos. Un país de estas características pretende hacer ciencia con cero plazas, lo cual es impracticable. El vídeo que nos regala sonicando muestra cómo es la ciencia que se hace con cero plazas:

Cero Plazas from Felix G. on Vimeo.
 

 

Réquiem por un Ministerio y analfabetismo andaluz

Hoy, 21 de diciembre de 2011, se han anunciado los nuevos ministerios del Gobierno español. El Ministerio de Ciencia ha desaparecido. Ciencia en el XXI, y sin ánimo de entrar en connotaciones políticas de ningún tipo, lamenta esta decisión que hace retroceder a un país a nivel de progreso y apuesta de futuro. Otro Ministerio importante respecto a su relación con la ciencia es el de Sanidad. La encargada de esta cartera será Ana Mato, quien dijera en 2008 que los niños andaluces son prácticamente analfabetos y en octubre de 2011 que los niños andaluces impartían las clases en el suelo. Es verdaderamente triste escuchar este tipo de afirmaciones gratuitas por boca de una persona que luego será Ministra, aunque luego se retracte, como de hecho ha ocurrido. Esperemos que al menos recoja las conclusiones del estudio sobre terapias alternativas. Pero en esto soy algo pesimista, el historial de la Sra. Mato se basa en pruebas anecdóticas, así que probablemente se encuentren sus decisiones más cercanas a las pseudociencias que a las ciencias. En cualquier caso, mis alumnos ni son analfabetos ni dan las clases en el suelo.

Fuente: wikipedia.

 

La gráfica de la muerte durante el siglo XX

Muy a menudo me encuentro con gente que dice que antes se vivía mejor, que hoy la ciencia lo estropea todo y que comemos porquerías. Uno puede opinar que le gusta más vivir en el campo, que le gusta más el aire de la montaña o que prefiere coger el tomate directamente de su huerta. Pero no es opinable que hoy la esperanza de vida ha subido extraordinariamente. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas objetivas de todo el siglo XX. El documento Esperanza de vida en España a lo largo del siglo XX es un trabajo muy documentado que se basa en los datos recogidos por el INE (Instituto Nacional de Estadística). En él se pueden ver gráficas y tablas espectaculares que muestran con claridad esta mejora en el modo de vida de la sociedad.

Me quedo con un par de párrafos de las conclusiones (negritas mías):

La esperanza de vida al nacer ha pasado de 34,76 años en 1900 a 78,71 en 1998 para el conjunto de la población (de 33,85 a 75,25 años en varones, y de 35,70 a 82,16 años en mujeres). Esta evolución representa una ganancia de 43,95 años de vida (41,40 en varones, 46,46 años en mujeres). La mitad de estos años ganados, 22,14, se debe a mejoras en la supervivencia en los menores de 15 años, sobre todo durante los dos primeros tercios del siglo.

La mejora en la esperanza de vida en los dos primeros tercios del siglo XX se debe en gran parte a la mejora de las condiciones de vida de los niños, pero en el último tercio del siglo parece estar mucho más relacionada con la mejora de la asistencia sanitaria y su extensión a toda la población, beneficiando especialmente a los mayores de 65 años.

La sanidad ha mejorado, indudablemente, gracias a la ciencia. Tenemos todo tipo de aparatos en los hospitales para medir, controlar y mejorar todo tipo de variables biológicas. Y no sólo asistencia sanitaria en hospitales y centros de salud. La sanidad también ha entrado de lleno en nuestra alimentación. Lo que comemos ha pasado controles sanitarios exhaustivos y, si algo se ve extraño, rapidamente se retira el producto en cuestión. Puedes pensar lo contrario si quieres, pero los datos los tienes delante de ti. Al menos, deja de pensar en conspiraciones.

La historia del melocotón y los culpables del cambio climático

He encontrado este vídeo en el blog Cosas por mi mente, un monólogo de Ángel (Sé lo que hicisteis). Vamos a verlo, que ya sabes que me gusta sacarle punta a todo.

Es lo que se supone que debemos hacer los adultos, infundir un sentimiento de culpa en nuestros menores, para que reaccionen. Me manifiesto a pesar del posible sentimiento de aberración que puedan tener algunos de mis lectores: tú no eres el culpable del cambio climático. Ni yo, ni nosotros. Porque nosotros podemos tener conductas respetables con nuestro medio, podemos adaptar nuestras rutinas en pro a nuestro ambiente, pero hay otros que pueden más. Los gobiernos, las multinacionales, etc. No hace falta que le dé más vueltas a algo que pensamos muchos, pero es cool decir yo tengo la culpa del cambio climático.

Sigamos con las aberraciones (a ver si me llevo algún «has perdido un lector»): no nos estamos cargando el planea. Por favor, no seamos tan antropocéntricos, que parecemos quinceañeros., que llevamos aquí décimas de segundo en el año del Universo Nos estaremos cargando, quizás, las condiciones de vida para ciertas especies, incluida la nuestra. Pero la Tierra es un sistema muy muy grande, que tiene sus mecanismos de reajuste y, el no conocerlos aún a fondo, no significa que nos lo carguemos. Es suficiente con estudiar un poco la historia del clima, no siempre ha sido igual porque las variables tomaban valores diferentes. Ahora es más rápido este cambio, pues vale. Pero, nos cargaremos -tal vez- la vida del hombre en la Tierra, ¿pero morirán las cucarachas?

Y a todo esto, reciclo, voy con mis bolsas de tela a comprar, uso el coche lo necesario y, por supuesto, en mi centro colecciono hojas sucias para que mis alumnos hagan cuentas en los exámenes. Pero no pienso decirles que ellos son los asesinos del melocotón.