Mariela, 1972. Un asesinato en Rota [Libro]

En una noche de agosto de 1972 aparece el cadáver de una muchacha, en la playa del Chorrillo, en Rota. Las circunstancias son muy extrañas, sobre todo el hecho de que junto al cuerpo se encuentra un teléfono móvil Nokia. En 1972. Es imposible no acordarse de Marty McFly y de Doc, el simpático científico loco de Regreso al Futuro. En un principio puede resultar abusivo el uso del presente histórico, pero a medida que se van desarrollando los acontecimientos (a veces esperados, a veces no), esta sensación no solo desaparece sino que se convierte en un recurso fundamental.

 

Mariela, 1972. Un asesinato en Rota no es un libro de ciencia ficción al uso, tampoco es un libro de divulgación científica. No se trata de una novela negra clásica y tampoco se nos ofrece historia de amor de las de toda la vida. Sin embargo, en sus aproximadamente trescientas páginas pueden sentirse cómodos los lectores de ciencia ficción, divulgación científica, novela negra y pataletas románticas. Una historia, por tanta, llena de barnices de distintas escuelas y una equilibrada miscelánea de colores. Tenemos en la mano la opera prima de José Antonio Lucero, un joven roteño Licenciado en Historia y Master en Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla. Ha conseguido introducir algo de física sin mojarse los dedos y, además, navegando por el relato se encuentra el lector con algunas sorpresas de Asimov y Wells. Explicar algo más podría ser considerado spoiler. Hasta aquí puedo leer.

En la página web del libro puedes dar respuesta a preguntas frecuentes, además, puedes ver cómo comprar el libro, incluida la opción de que te lo manden a casa firmado y todo.

El legado de Prometeo [Libro]

Miguel Santander nos plantea una Tierra azotada por el cambio climático y por la escasez de energía. En este escenario, Daniel es el protagonista de esta historia, un físico que descubre un agujero negro a tan solo dos años luz del Sol. El autor sabe introducir en El legado de Prometeo la vida personal de Daniel a la par que el proyecto en el que se embarca: un viaje de ida y vuelta de 45 años en la Éxodo, hacia el agujero negro. La razón: allí podrán encontrar una nueva forma de conseguir energía, la energía negra, según la mente brillante de Daniel. Entre tanto, se desarrollan todo tipo de acontecimientos inesperados entre los quinientos tripulantes de la misión, a la par de otros sucesos en la Tierra.

 

– ¿Entonces Némesis era una estrella que acabó como supernova? -el joven frunció el ceño.

– Tú lo has dicho. Era. En su lugar, quedó sólo su núcleo inerte, tan denso y tan pesado que incluso la luz es incapaz de escapar de su interior. Un agujero negro. ¿Peligroso entonces? No, si no te acercas demasiado. También orbitamos alrededor de un agujero negro gigantesco en el centro de la galaxia, mucho más lejos, y nadie se rasga las vestiduras por eso.

– Aun así, el mensaje de tranquilidad no pareció llegar a mucha gente…

– ¿Y te extraña? Teniendo explicaciones fantásticas como alternativa, ¿quién sería tan aburrido de aceptar la simple verdad? -respondió en tono sarcástico-. Recuerda el auge que tuvieron en aquel momento tanto religiones como sectas, neoastrólogos, videntes, avistamientos de OVNIs… Pero lo mejor fueron las manifestaciones y propuestas de ley en cierto país para abolir el agujero negro o, al menos, para prohibir hablar de él… por no mencionar a una empresa que se dedicó a vender parcelas «espacio-temporales» en su interior.

El chico rio al oír aquello, y Daniel se relajó.

 

Este libro no es solo un relato entretenido, es una novela de ciencia ficción que nada tiene que envidiar a grandes como Clarke. El punto fuerte de este libro lo encontramos en el tratamiento de los conceptos científicos, en palabras del propio autor «A la hora de elaborar El Legado de Prometeo he puesto especial énfasis en la verosimilitud científica y técnica del argumento y en la extrapolación especulativa de la situación sociopolítica actual, a lo largo del presente siglo». Tanto es así que las páginas finales las cierra con toda una lista de artículos científicos en los que apoya su redacción: extracción de energía de un agujero negro de Penrose, retroiluminación del Sol, dilatación temporal, métrica de Kerr, etc.

 

El legado de Prometeo está editado por Iniciativa Mercurio. y fue galardonado con el Premio UPC 2012.

 

Nos encontramos, por tanto, ante una trama perfectamente tejida que no dejará indiferentes a amantes de la ciencia ficción y, sobre todo, del rigor científico. En el propio blog Tras el horizonte de sucesos de Miguel Santander puedes encontrar muchas reseñas interesantes que ampliarán, con creces, la poca información que hemos escrito aquí. Pero lo mejor es que leas el libro, las reseñas después. Puedes encontrarlo en papel o en ebook (¡solo 5 €!). Por cierto, puedes bajarte los primeros cinco capítulos en la página de Iniciativa Mercurio, cuidado, que es adictivo.

Regalo de Reyes [Libro]

Actualización (25 de noviembre de 2013): no recordaba que la novela de la que se habla abajo tiene su propio blog: Regalo de reyes.

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«Regalo de Reyes» es la primera novela de Jesús Zamora Bonilla, publicada en Tagus, la editorial de La Casa del libro. Se trata de un relato realmente entretenido, en el que se mantiene la tensión de manera adecuada, mezclando personajes de distintas escalas sociales de un modo magistral. Las historias de los personajes son aparentemente divergentes, pero las relaciones se van desvelando poco a poco, a su debido momento. La novela no es para nada una historia más de códices ocultos, es un texto donde se aprenden asuntos de muy diversas temáticas, entre ellas algún que otro guiño a la ciencia. Y tirón de orejas a las pseudociencias. De hecho, en un momento dado se hace referencia a un programa de televisión llamado Oráculo galáctico, se parece sospechosamente a cierto programa de misterios. Respecto a la ciencia, me quedo con dos momentos: el carbono 14 y la escala scoville. Muy recomendable, una novela repleta de inteligencia, de cultura y en la que no hay cabos sueltos. Disfrutarás.

Sinopsis en la web de La Casa del libro.

 

Historia de la dotación de carbono 14

Me permito citar por completo una conversación entre dos personajes de la trama. Se trata de Ernesto y su hermosa Christine. Más adelante el autor incluso recuerda que fue Willard Libby el precursor de la técnica de datación de carbono 14. Un poco de cultura general le viene bien a cualquier lector y lo convierte en una lectura que despierta la curiosidad.

–Buenos días, amor –dijo ella.
–Buenos días, princesita –dijo él, de nuevo en español.
–¿Te marchaste muy pronto?
–Qué va, hace menos de dos horas. Me quedé dormido como un tronco.
–Yo también.
–Es que el trabajo cansa mucho.
–Ayer trabajamos mucho los dos.
–Y tú además hiciste un descubrimiento muy importante.
–Claro, te descubrí a ti –proclamó la joven, ocasionando una súbita explosión de felicidad en el pecho de Ernesto, una sensación de beatitud como nunca había experimentado, y que debía de ser lo más parecido al estado en el que se encontraban permanentemente las almas de los bienaventurados en el paraíso celestial. Iba a tener razón Nicasio Lequerica sobre aquello de que había que dejarse arrastrar por la naturaleza.
–Yo sí que he descubierto algo fantástico.
–¡Y que lo digas! ¡Los principios del radiocarbono! –exclamó ella riendo y dando unos saltitos hacia adelante.
Ernesto se ruborizó súbitamente. Se dio cuenta de que recordaba a la perfección todo lo que ella le había explicado sobre el carbono catorce durante la primera tregua que habían dado a sus múltiples éxtasis de aquella noche.
–Pues me lo he aprendido muy bien. Si quieres te lo demuestro –la desafió él, mientras le daba alcance.
–Venga, cuéntamelo.
–Primero hay que saber lo que son los isótopos.
–Muy bien, ¿y qué son?
–Son cada uno de los tipos de átomos que corresponden a un mismo elemento químico, como el oxígeno, el cobre, el mercurio, etcétera. Los átomos de un elemento químico tienen todos el mismo número de protones, y así tienen la misma carga eléctrica, pero pueden tener diferente número de neutrones, y por lo tanto, pesos diferentes.
–¿Por qué?
–Porque protones y neutrones pesan lo mismo, pero los primeros tienen carga eléctrica positiva, mientras que los segundos son neutros, como indica su nombre. Así que el número de electrones (partículas con carga negativa) que tendrá un átomo en su corteza dependerá sólo del número de protones que haya en el núcleo, no del número de neutrones, y es el número de electrones el que a su vez determina las propiedades químicas del átomo, o sea, qué tipo de elemento químico es.
–¡Fabuloso! Tengo un alumno aprovechadísimo.
–Y que desea aprovecharse todavía muchísimo más de su maravillosa profesora.
–Ya veremos eso. Bueno, ¿y qué más?
–A lo que sí que afecta el número de neutrones que tiene un átomo es a su estabilidad. Algunos isótopos son más estables que otros. Los que son menos estables se desintegran a un ritmo constante, emitiendo radiaciones al hacerlo, y por eso se llaman radiactivos.
–Muy bien.
–Pasamos ahora a hablar del carbono. Un átomo de carbono tiene siempre seis protones, pero puede tener seis, siete u ocho neutrones, de modo que existen tres isótopos posibles de ese elemento químico: el carbono doce (pues tiene seis protones y seis neutrones), el carbono trece y el carbono catorce. Los dos primeros son estables, pero el tercero es inestable: cada cinco mil quinientos años, aproximadamente, se habrá desintegrado espontáneamente la mitad del carbono catorce contenido en cualquier objeto.
–Me asombra tu memoria.
–Yo lo recuerdo todo, preciosa –presumió Ernesto, y prosiguió–. Lo que sucede es que, de forma natural, en la tierra sólo hay carbono doce y carbono trece, pues el otro desaparece muy fácilmente, como se ha dicho. Ahora bien, en ese caso, ¿cómo es que existe en nuestros días alguna cantidad de carbono catorce? –se preguntó retóricamente el español, repitiendo palabra por palabra la formulación que había empleado Christine aquella noche, y hasta sus didácticos movimientos del dedo índice, mientras él reposaba la cabeza entre los espléndidos pechos desnudos de la joven–. Pues porque el carbono catorce se genera de manera continua en la atmósfera en una pequeñísima cantidad, debido al bombardeo de rayos cósmicos que golpean los átomos de nitrógeno (el principal gas que compone la atmósfera), transmutándolos en carbono. Los seres vivos absorben ese carbono radiactivo mediante la respiración y la alimentación, de manera que, de todo el carbono contenido en cada planta o animal que no haya muerto todavía, aproximadamente una diezmilmillonésima parte es carbono catorce.
–Admirable.
–Debido a que los átomos son tan minúsculos, aunque la proporción que acabamos de decir sea muy pequeña, resulta que en cada kilo de materia viva hay millones de átomos de radiocarbono, cuya tasa de desintegración puede medirse con un contador de radiactividad. Sabiendo que cada cinco mil quinientos años habrá desaparecido la mitad del carbono catorce contenido en los restos de un ser viviente, se puede calcular cuánto tiempo hace que murió, simplemente midiendo cuánta radiación emite todavía esa materia. Si emite la mitad que la misma cantidad de materia que está todavía viva o que acaba de morir, ese objeto tendrá cinco mil quinientos años de antigüedad; si emite la cuarta parte, el objeto tendrá once mil años; si emite la octava parte, es que tendrá dieciséis mil quinientos años, etc., etc. Para restos de más de cincuenta mil años de antigüedad, la cantidad de radiactividad emitida es tan pequeña que no se puede medir la edad por este procedimiento: el método sólo nos dice que es de hace por lo menos cincuenta mil años. Pero para la mayoría de los materiales orgánicos procedentes de las sociedades neolíticas o de las civilizaciones antiguas, el proceso es perfectamente adecuado.
–Me has dejado pasmada –reconoció Christine–. Con una sola explicación, y en esas circunstancias…
–Tú sí que me has dejado pasmado a mí, con todo lo que sabes, princesa. Bueno, ya estamos en las ruinas.

 

Escala de picor de Scoville

Al ser humano le gusta medir todo y para ello necesita unidades. Hemos llegado a tal punto que a Wilbur Scoville se le ocurrió medir el grado de pungencia o picor de un chile. La Escala Scoville es subjetiva, pero tiene su gracia medir el número de unidades scoville (SHU) de aquello que te llevas a la boca. El autor de «Regalo de Reyes» lo explica en un diálogo entre Germán y Laura, dos políticos que tenían una aventura. Aquí lo transcribimos. Atención a la frase que está en negrita, la traducimos a un lenguaje más cotidiano: hay chiles que pican tanto que para dejar de notar su picor hay que diluir un gramo en mil botellas de agua de un litro. Casi nada.

Laura Entrambasaguas contemplaba la infinita superficie del océano a través del mirador del restaurante. Al contrario que Germán, siempre había sido aficionada a las comidas exóticas, así que disfrutaba de lo lindo con aquel garudia de pescado, limón y arroz, sazonado con grandes dosis de curry. Su acompañante, por el contrario, iba tomando bocados tan pequeños como podía y remojándolos con tragos de vino, de agua y de cerveza, es decir, de cuantas bebidas encontraba a su alcance. Laura no podía evitar reírse cada vez que Germán abría la boca para calmar el picante.
–¿Pero cómo te puedes comer eso sin que te caigan chorros de sudor? –preguntaba extrañado Germán.
–Ya nos había avisado el camarero de que era un plato muy fuerte. Pero claro, tú has tenido que hacerte el gallito, como siempre…
–No había probado nada así en mi vida. Ni siquiera en Méjico.
–A mí me encanta todo lo picante. Ya sabes que eso es más de izquierdas. ¡Je, je!
–Vaya tontería.
–Por cierto, ¿has oído hablar alguna vez de la escala Scoville?
–No, ¿qué es, una ópera?
–¡Qué tonto! Es una forma de medir lo picantes que son las cosas.
–Pues este arroz debe de salirse de la escala –estimó Germán, terminando de un trago media copa de vino australiano, y añadió–. No tenía ni idea de que hubiera una manera de medirlo. ¿Cómo lo hacen? ¿Te ponen el chile en la lengua y cuentan los minutos que tardas en morirte?
–Algo parecido, pero menos cruel –dijo Laura, haciendo un gesto al camarero para que volviese a llenarles las copas.
–Bring me more water, please –suplicó Germán.
–Anda, bébete la mía. Si tampoco pica tanto. Esto debe de tener menos de diez mil scovilles.
–Bueno, explícame de una vez lo que es eso, cariño –dijo él, empezando su nueva copa de vino.
–Es una idea la mar de sencilla. Se disuelve la sustancia en agua, y mides cuántas veces tienes que disolverla para lograr que no se perciba el picor.
–¿Qué demonios quieres decir?
–Por ejemplo, tomas un gramo de un chile molido y lo echas en un litro de agua –explicó Laura, haciendo como que lo espolvorease en su propia copa–. Lo disuelves bien. Y si ya no notas el picor, pero lo habías notado cuando sólo habías echado novecientos noventa y nueve centímetros cúbicos de agua, entonces es que el chile tiene mil scovilles, o sea, hace falta diluirlo en mil veces su volumen con agua para que deje de picar.
–Fíjate lo que aprende uno –dijo Germán, sin mostrar excesivo interés.
–Se conocen variedades de chiles que tienen casi un millón de scollvilles. Eso significa que hay que diluir un gramo en un metro cúbico de agua antes de que se deje de notar el picor.
–Y lo utilizarán como instrumento de tortura, me imagino.
–Alguna vez tengo que probarlo.
–Yo te llevaré adonde quieras, y te invitaré a comer lo que te dé la gana, chatica, pero no me obligarás a compartir el suplicio contigo otra vez.
–Anda, so bobo, que no es para tanto –rió Laura dando buena cuenta de los últimos restos de pescado y arroz que quedaban en su plato.
–Yo no puedo ya con con lo mío. Me voy a pedir el postre más grande que tengan… ¡pero que no lo sirvan con curry, por favor!
–Exagerado.
Cuando terminaron de comer dieron un pequeño paseo por la sombra de las palmeras hasta otro extremo del hotel, en donde había una sala de descanso con revistas de todo el mundo y camareros siempre serviciales para llevar cafés, tes o licores. El rincón sólo estaba ocupado por una pareja mayor, de aspecto norteamericano, que no levantaron los ojos de sus periódicos cuando llegaron Laura y Germán.
Sorbiendo encantada su espectacular té con menta, mientras Germán tomaba un cubalibre con la esperanza de eliminar todos los restos de capsaicina pegados a su lengua, Laura tomó con su mano derecha la izquierda de él y la llevó hasta su propia mejilla.
–Vuelve a contarme el plan –pidió.
–¿Lo que te dije esta mañana? –preguntó Campohermoso; ella asintió ligeramente y él tomó un poco más de su bebida, notando el abundante hielo contra los labios y capturando un cubito para refrescarse el interior de la boca. Cuando terminó de tragar el hielo, tenía la lengua entumecida y no se le entendía muy bien–. Fo a dehá a poítiga.
–¿El qué? –preguntó Laura a carcajadas. Germán tomó de nuevo un trago de cubalibre para reavivarse la lengua.
–Que voy a dejar la política.

 

Jesús Zamora Bonilla es catedrático en la UNED y ha publicado varios ensayos. Desde 2007 mantiene el blog  A bordo del Otto Neurath. Puedes seguirlo en @jzamorabonilla. Tuve la suerte de ser alumno de doctorado de Jesús Zamora Bonilla, en la asignatura Sociología de la ciencia. Digo tuve la suerte porque no es común encontrarte un profesor que te enseña algo más que su propia asignatura. Me enseñó a ser cuidadoso en la investigación bibliográfica y ya es decir mucho (de hecho tiene un pequeño libro en Amazon al respecto, Historia y filosofía de la ciencia: una introducción bibliográfica). Y algo más que quizás él mismo ignore: un día me dijo que si quería escribir mejor tenía que hacer que terceras personas leyesen lo que escribía. Por aquel entonces el Profesor Zamora ya tenía su conocido blog A bordo del Otto Neurath y me alentó a que escribiese mi propia bitácora. Así que me decidí y el 8 de diciembre de 2007 escribía una penosa entrada sin pensar en que luego la cosa se me iría de las manos y mucha gente comenzaría a leer Ciencia en el XXI, que está a punto de cumplir seis años, aunque en otro alojamiento distinto donde empezó. A partir del blog surgieron todo tipo de proyectos, como alguno de mis libros. Se lo debo a mucha gente y, entre ellos, a Jesús Zamora Bonilla.

Mitos y realidades sobre Arquímedes

De entrada digo que voy a presentaros mi último libro, la biografía científica de Arquímedes, editado por RBA en la colección Grandes Ideas de la Ciencia. En el libro se presenta un Arquímedes que tal vez no conozcas, se habla de todas sus obras, de forma muy divulgativa. Se presenta el matemático, el físico, el ingeniero. Se habla de Arquímedes didáctico con joyas históricas como el Stomachion, se puede leer sobre el problema de los bueyes o sobre el cuchillo de zapatero, por citar solo algunos aspectos que quizás no conozcas. Arquímedes es mucho más que su principio y la ley de la palanca. Como este es un blog de ciencia y mucho escepticismo, nos gusta bastante acabar con ideas erróneas y errores conceptuales. Nos permitimos la libertad de compartir un decálogo ligeramente modificado que aparece en el libro, en un recuadro llamado Arquímedes: mitos y realidades.

1. «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo». Frase atribuida falsamente a Arquímedes, si hacemos referencia al sentido estricto de su significado, puesto que tenía conocimientos sobrados para probar que no era posible. El mismo tenía una concepción personal sobre la extensión del Universo, si hubiese hecho la cuenta le saldría una palanca más grande que el propio Universo. Otra cosa es que la dijera en sentido figurado. Para saber más tendrás que leer el libro. Aunque también se le puede dedicar una entrada.

2. «¡Eureka!, ¡eureka!». Expresion de alegría que supuestamente pronuncio al introducirse en un bano publico y descubrir el principio de la hidrostática. Es muy poco probable que la historia sea cierta en sus detalles, posiblemente Vitruvio la adorno literariamente. Antes del relato de Vitruvio no se tienen referencias.

3. La corona del rey Hierón II. Es muy probable que la anecdota de la corona sea cierta, aunque el modo de demostracion de la estafa de la corona sería mediante la combinacion del principio de la hidrostática y de la ley de la palanca, no simplemente rebosando agua de un recipiente. El último método habría sido un método muy burdo, para nada a la altura de Arquímedes.

4. El epitafio en la tumba. Es muy probable que sea cierto que Arquímedes pidiera que grabaran en su epitafio una esfera dentro de un cilindro. Ciceron encontro la tumba, ya dañaada pero no ha llegado a nuestros días.

5. «No molestes mis círculos». Se dice que dijo esta frase justo antes de morir, cuando un soldado borraba los dibujos que hacía en un arenario. La frase en sí puede ser una fantasía, pero su contexto no. Hay acuerdo entre los historiadores de que Arquímedes fue asesinado en su casa mientras trabajaba. Lo que no es seguro es que dijera esta ultima frase al soldado que acabo con su vida.

Edouard Vimont (1846-1930). Fuente: Wikipedia Commons

6. Tornillo de Arquímedes. Este dispositivo se conocía con seguridad antes de su nacimiento, sin embargo, es muy probable que lo mejorara de algun modo o le sacara más partido. En cualquier caso, no existe un solo documento de la mano de Arquímedes o de los historiadores que asegure que es suyo.

7. Planificó la defensa de Siracusa. Segun cuentan todas las cronicas serias de los historiadores, este hecho parece ser cierto. Y lo planificó muy pero que muy bien.

8. La garra de Arquímedes. Tambien es verdad que construyo una máquina que levantaba y destruía de algun modo los barcos, segun puede consultarse en las crónicas referentes a la defensa de Siracusa.

9. El rayo de calor. Es un mito con casi total seguridad, debido a las limitaciones tecnicas y a la ausencia de crónicas tempranas, como han demostrado varios grupos de investigadores en los últimos años.

10. Calculó en número π. El numero π no puede calcularse porque es un numero irracional y tiene infinitos decimales. Lo que sí es cierto es que encontró una aproximacion que se uso durante siglos y hoy se sigue usando: 3,14. Cada vez que escribas estos tres números, recuerda el nombre de Arquímedes.

 

La colección Grandes Ideas de la Ciencia, de RBA Coleccionables consta40 biografías científicas de los más grandes científicos que ha dado la historia de la humanidad. Tengo el honor de ser el autor del número 11, Arquímedes. La colección merece la pena en su totalidad, pero si alguien quiere adquirir mi libro puede hacerlo desde la misma página de RBA Colecciones o llamando por teléfono. Pero habría que esperar algo así como un par de meses a que el número en cuestión salga a la calle. Pero insisto, si te gusta la ciencia, la colección merece la pena. No es baladí el hecho de que la colección está dirigida por Manuel Lozano Leyva, que por cierto acaba de publicar su último libro, El fin de la ciencia. Abajo puedes ver una fotografía de algunos de los libros, una lista de los asesores y la lista de libros.

 

 

 

LIBROS COLECCIÓN

  1. Einstein. La teoría de la relatividad
  2. Newton. La ley de la gravedad
  3. Max Planck. La teoría cuántica
  4. Pitágoras. El teorema de Pitágoras
  5. Heisenberg. El principio de incertidumbre
  6. Galileo. El método científico
  7. Schrödinger. Las paradojas cuánticas
  8. Fermat. El teorema de Fermat
  9. Kepler. El movimiento planetario
10. Gauss. La teoría de números
11. Arquímedes. El principio de Arquímedes
12. Euclides. La geometría
13. Laplace. La mecánica celeste
14. Turing. La computación
15. Copérnico. El heliocentrismo
16. Feynman. La electrodinámica cuántica
17. Euler. El análisis matemático
18. Faraday. La inducción electromagnética
19. Gödel. Los teoremas de incompletitud
20. Marie Curie. Los nuevos elementos
21. Rutherford. El núcleo atómico
22. Boltzmann. La termodinámica estadística
23. Dalton. La teoría atómica
24. Fermi. La energía nuclear
25. Maxwell. La síntesis electromagnética
26. Bohr. El átomo cuántico
27. Leibniz. El cálculo diferencial
28. Hubble. La expansión del universo
29. Lavoisier. La química moderna
30. Edison. La electricidad industrial
31. Cantor. El infinito en matemáticas
32. Meitner. La fisión nuclear
33. Lord Kelvin. La termodinámica clásica
34. Von Neumann. La teoría de juegos
35. Dirac. La antimateria
36. Ampère. La electrodinámica clásica
37. Hooke. La ley de Hooke
38. Tesla. La corriente alterna
39. Huygens. La teoría ondulatoria de la luz
40. Hilbert. Las bases de la matemática

 

«La física de Star Trek» llega a España

Me complace informar a todos los lectores de ciencia ficción y divulgación científica de lengua española que se está preparando una traducción del famoso libro «The Physics of Star Trek», de Lawrence Krauss. Es más que posible que la edición de «La física de Strar Trek» esté lista durante 2012 y será la Editorial Laetoli quien nos la traiga. Es una buena noticia puesto que Krauss es un gran divulgador poco conocido en España. Laetoli ya publicó del mismo autor Historia de un átomo, libro que recomiendo a todo el que quiera aprender sobre cualquier disciplina científica, un libro indispensable en cualquier estantería de divulgación científica. Desde aquí, solo queda felicitar a Laetoli por la apuesta.

Portada de la edición inglesa

Einstein versus Predator: el libro de las navidades

Hoy me ha llegado el libro Einstein versus Predator, de Sergio L. Palacios, editado por Manontropo.  No lo he leído aún, pero aseguro que será mi lectura de navidades. El profesor Palacios es bien conocido en internet por su blog Física en la Ciencia Ficción y por su libro Guerra de dos mundos, también del elenco de Manotropo.

Portada del libro, maravillosa.

Desde aquí mi agradecimiento a Sergio Palacios por el libro dedicado, sólo puedo regalarle esta foto. A mis alumnos les ha encantado el índice.

¿Sabías por qué el perrito de Toy Story se llama «Slinky»?

La respuesta es inmediata: un slinky es un muelle muy largo usado como juguete y para demostraciones de física y ciencia en general.

El Slinky original fue creado en 1945 por el ingeniero Richard James. Betty, la mujer de James, lo llamó "Slinky", después de ver en el diccionario que la palabra significaba "elegante y gracioso" (aunque la acepción actual según el Cambridge es distinta, véase: http://dictionary.cambridge.org/dictionary/british/slinky?q=slinky). Haciendo clic en la imagen puedes leer más sobre la historia del slinky.

 

 

El tronco del perrito es, precisamente, un muelle de este tipo.

Slinky, el simpático perrito de Toy Story

Hace unos días en Fogonazos se enlazaba un vídeo sobre uso muy extendido del slinky en Física. Nosotros ponemos una selección de los cortes publicitarios del slinky de los 60, el de los 70 y el de los 80. En el primero que se enlaza, aparece un perrito del estilo del de Toy Story.

El ladrón de cerebros [Libro]

Pere Estupinyà relata una anécdota personal en la introducción de El ladrón de cerebrosque muestra perfectamente lo hermoso del conocimiento. Un amigo lo invita a bucear pero él rechaza la oferta. Tras la insistencia, acaba accediendo y, para su sorpresa, encuentra un mundo nuevo hasta entonces para él desconocido. Y es que es hermoso ser ignorante y querer aprender, porque nos podemos topar con maravillosos escenarios.Estupinyà es un chico joven que un día decidió cruzar el charco para pasar un año en el MIT y en la Universidad de Harvard. Hoy en día reside en Washington D.C. Entre sus ocupaciones, escribe para el Knight Tracker en español del MIT (hoy le agradecemos la anotación sobre el millón de twitteros que se han unido a @muyinteresante y su mención al autor de este blog, de la cual me entero gracias a The New Blogs Time, el blog de José Pardina).

Portada del libro.

El libro es, simple y llanamente, colosal. Y digo pocas veces esto sobre un libro, porque, sinceramente, en ocasiones leo lo mismo que he leído en otros libros. Quizás sea por aquello que comenté al propio Estupinyà: cuenta cosas de las que no tenía, como físico, ni la menor idea. Personalmente, desde el punto de vista de la divulgación, me llama más la atención los temas de biología en general que los de física. De hecho, Estupinyà cuenta que Boyce Rensberger (director de la beca de la que se habla en un par de párrafos) les invitó a rascar donde no pica, es decir, que investigaran sobre temas que no les llamara tanto la atención como sus temas afines.

«No soy gran amigo de los consejos, pero me resulta imposible resistirme al «rascad donde no os pique».». PERE ESTUPINYÀ.

Aunque el verdadero motivo que llama la atención del libro es la estructura y forma en la que se ha concebido esta obra, hoy necesaria en las estanterías de todo amante de la divulgación científica y del conocimiento en general. Bueno, o en tu dispositivo Apple. Está prologado por Eduard Punset, junto con el que ha trabajado. Tras el prólogo, el autor justifica en una introducción la elaboración del libro.

Escribí este texto en agosto de 2007 durante uno de los momentos más excitantes de mi vida. La inmersión científica que estaba a punto de emprender era realmente muy especial. Había sido elegido como uno de los periodistas científicos que iba a pasar un año en Boston becados por la Fundación Knight en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con el único objetivo de introducir en nuestros cerebros tanta ciencia como cupiera. Íbamos a recibir seminarios privados con los principales investigadores del MIT y Harvard, podríamos asistir como oyentes a las asignaturas que más nos interesaran, entrevistar personalmente a científicos, rastrear en profundidad cualquiera de sus laboratorios, y asistir a todas las conferencias y eventos que quisiéramos. Teníamos libertad absoluta. [Negritas mías] p. 20-21

Casi nada. Si un libro comienza en su introducción con estas palabras, sólo puede deparar sorpresas. Y es así, porque la obra está plagada de anécdotas personales, escrito en un lenguaje accesible a todos y, sobre todo, familiar. Estupinyà no sólo habla de las investigaciones punteras sino de las personas que realizan los estudios, de su relación con estas personas, cómo las has conocido, incluso qué hacía en el momento de conocerlas, qué sintió. Es imposible que el lector no se involucre en el mundo del autor. Estupinyá ha conseguido con este libro humanizar la ciencia.

 

A pesar de que Pere Estupinyà no tiene un concepto muy positivo sobre el escepticismo (estoy seguro que es porque no se ha acercado lo suficiente y su cerebro ha distorsionado la información que le llega, usando las tesis que se trabajan en su propio libro), sí habla sin tapujos sobre falacias y equivocaciones que tiene el cerebro. En este sentido me interesa particularmente la introducción al segundo capítulo, titulado con acierto Lagunas en el cerebro humano:

 

En ocasiones el cerebro peca de arrogante. Él cree saber lo que nos conviene y nos engaña a inconsciencia porque desconfía de nuestras decisiones más meditadas, pero no se da cuenta de que algunas de sus partes más primitivas están atrapadas en una programación genética caducada que no se ha actualizado desde hace centenares de miles de años.

[…] A él, mostrarle la realidad de manera fiel le importa bien poco. Lo que pretende es que sobrevivas lo más feliz posible, y si para ello debe engañarte, no duda en hacerlo. […]. Si los sentidos no le dan suficiente información, se inventa ilusiones sensoriales con las que mantener un control tranquilizador. Mezcla memorias reales con recuerdos imaginados para que las historias rememoradas sean lo más plausible posibles. […]. La duda también es su enemigo natural; él se aferra a la realidad subjetiva que más le convenga y distorsiona todo aquello que contradiga sus asunciones. Y en realidad no soporta la ciencia; porque le pide esfuerzos demasiado costosos, porque le quita protagonismo a su dueño, y porque algunas investigaciones en psicología empiezan a dejarle en evidencia, airear sus vergüenzas, y poner de manifiesto lo mucho que se equivoca cuando toma simples decisiones de lo más cotidianas. p. 77-78

 

Así es, estamos empezando a entender nuestro propio cerebro. Y la cantidad de cosas extrañas que mucha gente dice (me han abducido, he visto un fantasma, etc.) tiene explicaciones más simples y más atractivas: nuestro cerebro se equivoca.

 

El autor se atreve con todo en este libro porque ha conocido a científicos de primera línea: neurología, cosmología, política, ética científica, etc. Gracias a Estupinyà perdí varios quilos, porque escudriñé las páginas de «El ladrón de cerebros» sobre la bicicleta estática de mi gimnasio, mientras algún antiguo alumno me preguntaba qué leía. Y lo recomendaba. Sin duda. A todos les gustaba la portada de kukuxumusu, hoy me entero de que hay camiseta.

Hazte con una.

Amigo Pere, felicidades por tu éxito.

¿Es más importante la vida de tu hijo o presumir de ser un ignorante?

El Profesor de Biotecnología J.M. Mulet escribe una carta a los padres que deciden no vacunar a sus hijos, una decisión bárbara, inconsciente e irresponsable, fruto de la moda del anti-todo que impera en esta era que nos toca vivir. Mulet ya colaboró con Ciencia en el XXI para hablarnos de los transgénicos, con un artículo que recomiendo.

Hoy mola ser anti-todo, aunque sea a costa de lucir la ignorancia en una pancarta o, lo que es peor, presumir de no investigar y no pararnos un rato a leer toda la información que nos llega. Es mejor quedarte con esa presentación de diapositivas que te manda el amigo o compañero conspiranoico que todos tenemos en nuestro entorno. El asunto es bien fácil: ¿por qué hay tanta gente que hace caso a un sólo artículo en contra de algo cuando hay miles a favor? La historia es que además aquella idea de que las vacunas son malas malísimas era una farsa -como nos contaba L.A. Gámez-, pero eso ya da igual, mola ser anti-todo, aunque las tasas de mortalidad infantil hayan decrecido de forma vertiginosa.

No es buena idea repetir la carta aquí. Está llena de sorna, sí, con más razón debes leerla. Está en el blog Los productos naturales ¡vaya timo!, bajo el título Carta a unos padres que han decidido no vacunar a sus hijos.

Hazte un favor y haz caso de los médicos, no de los correos en cadena.

"Las pseudociencias ¡vaya timo!" [Libro] y su prólogo

Ya está aquí, ya es una realidad. Se trata del libro número catorce de la colección Vaya timo y en él se recogen artículos del físico y fiólosofo de la ciencia Mario Bunge. Lo más aclaratorio es que pase la nota de prensa de la editorial, Laetoli. Abajo tenéis el prólogo de Alfonso López Borgóñoz, para abrir boca. Es realmente interesante. El libro tardará en llegar a las librerías un par de semanas.

Traducción de Rafael González del Solar
Prólogos de Alfonso López Borgoñoz,
Cristina Corredor y Rafael González del Solar
Colección ¡Vaya timo!, 14
256 páginas
PVP: 18,00 €
ISBN 978-84-92422-24-1

Este libro, coordinado por Alfonso López Borgoñoz, recopila los artículos más significativos sobre las pseudociencias de Mario Bunge, uno de los filósofos más importantes de la actualidad.

«Los científicos y los filósofos —escribe Mario Bunge— tienden a tratar la superstición, la pseudociencia y hasta la anticiencia como basura inofensiva o, incluso, como algo adecuado al consumo de las masas; están demasiado ocupados con sus propias investigaciones como para molestarse por tales sinsentidos. Esta actitud, sin embargo, es de lo más desafortunada. Y ello por las siguientes razones. Primero, la superstición, la pseudociencia y la anticiencia no son basura que pueda ser reciclada con el fin de transformarla en algo útil: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera —lego o científico— hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica. Segundo, el surgimiento y la difusión de la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son fenómenos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma científica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura».

Mario Bunge (Florida, Buenos Aires, 1919) es uno de los filósofos de la ciencia más reconocidos en todo el mundo. Su formación humanística y política se enraizó en los barrios obreros de Buenos Aires, que recorrió de niño junto a su padre, médico y diputado socialista. A los 19 años fundó la Universidad Obrera Argentina (UOA), que fue clausurada en 1943 por el gobierno de Perón. En la década de 1960 dio clases en las universidades de Texas, Temple, Delaware (EE UU) y Friburgo (Alemania) y finalmente se estableció en Canadá, donde ha sido profesor de la Universidad McGill de Montreal, Quebec, la más antigua del país. Autor de más de 50 libros (entre ellos los ocho volúmenes de su Tratado de Filosofía), casi todos en inglés, ha recibido 19 doctorados honoris causa y el premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1982. Sus libros han sido traducidos a numerosas lenguas, incluidas el japonés, el ruso y el chino. Azote de las supercherías, en 1991 alentó la fundación del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP).

Alfonso López Borgoñoz (Valencia,1960) es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Ha dirigido las revistas Universo y El Escéptico y publicado numerosos artículos en defensa del pensamiento crítico. En la actualidad es presidente de Amnistía Internacional en España.

Rafael González del Solar es biólogo, filósofo de la ciencia y traductor freelance. Hasta la fecha ha traducido al castellano ocho libros de Mario Bunge —incluidos los primeros tres volúmenes del Tratado de filosofía—, cuyas ideas intenta aplicar a su propia investigación, especialmente a la filosofía de la ecología.

Cristina Corredor es profesora titular en el departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, donde está adscrita al área de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Ha publicado un libro (Filosofía del lenguaje: una aproximación a las teorías del significado del s. XX, Visor, Madrid, 1999) y artículos en revistas especializadas.