Comprender la ciencia

Comprender la ciencia no es tarea fácil. Hacer que alguien comprenda la ciencia es aún menos fácil. Y conseguir que ciertas personas quieran comprender la ciencia es, a veces, tarea casi imposible.

La clave del fin de las pseudociencias (que, por otra parte, es una utopía) está en lograr que los estudiantes de secundaria se interesen por la ciencia, que el profesorado sepa comunicar su funcionamiento y que el alumno comprenda finalmente qué es la ciencia. Soy un defensor nato de que en los centros de secundaria debería existir más lugar para la experimentación, para el trabajo de campo y para la metodología científica. No digo que no interesen los contenidos, de hecho, lo interesante es que se construyan los contenidos a la par que el aprendizaje.

Y todo esto viene a colación con una entrada de Las penas del Agente Smith, en la que nos presenta una página llamada Understanding Science (tarea pendiente: naveagar ahí). Acompaña la entrada con un diagrama de flujo para imprimir y enmarcar. Pienso analizarlo a fondo: tal vez merezca la pena una traducción parcial para colgarlo en clase.

Hacer clic en la imagen para ampliar.

4 pensamientos en “Comprender la ciencia

  1. Llevas toda la razón del mundo, no estaría mal traducir la imagen, ampliarla y colgarla en grande en las aulas. Habrá que planteárselo…

  2. Siendo un amante de la ciencia (no se lo digan al marido), también me interesa mucho la espiritualidad (cosa muy distinta a la superstición, el fanatismo o la charlatanería).Me parece interesante la aproximación a la espiritualidad que hacen los místicos de las distintas religiones, ya que casi podríamos decir que es una técnica científica.Basan su conocimiento en sus experiencias, que son reproducibles (en su laboratorio “interior”). La única, pero enorme diferencia es que se trata de un conocimiento subjetivo, y no objetivo (independiente del observador) como en la experimentación científica.Lo cierto es que sí comparten los procedimientos. Las técnicas de meditación oriental, por ejemplo, son susceptibles de ser aprendidas. Y ser un fanático religioso o un echador de cartas no es comparable a la meditación zen. No creo que sean estúpidos ni ilusos, como tampoco me lo parecen tantos científicos con inquietudes en este sentido.Por esto creo que es una manera muy interesante de acercarse a los preguntas que transcienden las fronteras de la ciencia y que son de extrema importancia en nuestra vida mental y física. Porque es cierto que la posible respuesta para la preguntas “¿Por qué existe todo esto? y ¿qué hacemos aquí?”, puede que sea que no hay respuesta. Pero quizá haya otras opciones.SaludosJavier

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