¿Hasta qué edad se te pueden aparecer las hadas?

Yahoo respuestas es un saco sin fondo que puede inspirar a la hora de escribir un artículo cuando estás atascado, el motor que deriva en una argumentación en el campo de la filosofía de la ciencia.

Esta pregunta parece inocente: ¿hasta qué edad se te pueden aparecer las hadas? Pero entre las respuestas nos encontramos con un par de aciertos:

 

Hasta que se te pasa la edad de creer

Hasta que dejes de creer en ellas

 

A nadie le gusta que le rompan las ilusiones. Somos más felices cuando creemos algo. La mayoría de edad del conocimiento puede hacer que estés triste, porque entiendes que los gnomos, las hadas y los duendes no existen. ¿Cuándo se les pasará la edad de creer a los conspiranoicos, parapsicólogos, etc.? Ya es hora de que el ser humano alcance la mayoría de edad.

Fotograma de la película «Fotografiando hadas».

Todos tenemos derecho a creer en lo que queramos, aunque sea en la ciencia del Ratoncito Pérez, pero que luego no le pidan a la ciencia vacunas contra el VIH y remedios para el cáncer. Los detractores de la tecnología del siglo XXI usan internet para divulgar sus reclamaciones. Es la paradoja del siglo XXI.

 

Y tú, ¿sigues creyendo en hadas?

La falacia del traje de luces

Mi infancia se desarrolló en un octavo piso de La Hermandad del Trabajo, un barrio del Distrito Macarena en Sevilla situado, entre Pino Montano y El Cerezo. Recuerdo con ferviente pasión mis juegos en unas calles llenas de naranjos, las carreras de chapas de refrescos, el tumulto de las cabalgatas de reyes, el griterío de la muchachada y un sinfín de peculiaridades que algún día relataré en una novela. Por qué no.

 

Algo que se me quedó grabado a fuego fue una caja aplanada, como de camisas, con la tapa transparente. En el interior se podía ver con total claridad un traje de luces, dobladito y peripuesto él. Mi madre lo sacaba en los cambios de estación de un altillo, en aquel piso que aún no tenía aire acondicionado. No sé cómo se podía respirar en Sevilla en aquella época. Mientras mi madre procedía al intercambio de ropas, yo observaba con detenimiento el traje de torero, sin sacarlo de la caja.

Esto no es apología del toreo, de hecho -actualmente- no estoy a favor de las corridas de toro. Créditos de la imagen: trajesdeluces.com.

 

Años después -quizás con 17 ó 18 años de edad- referí esta historia a mi madre. Con pasión. Con anhelo. Con alegría.

– Mamá, ¿te acuerdas del traje de torero que tenía de pequeño?, ¿qué pasó con él?

– Qué dices hijo, tú nunca has tenido un traje de torero.

Una caricatura que me hizo un antiguo alumno al que tengo un gran cariño. Mario Muñoz.

Me lo inventé. Lo habría visto en alguna tienda, en algún escaparate, guardadito, inalcanzable. Y mi memoria había inventado el resto de la historia. Lo prometo, recuerdo muy bien aquel inexistente traje de luces. Es un ejemplo de lo que se llama falsa memoria. Hay múltiples estudios y anécdotas de este estilo, en los que simplemente rellenamos los huecos por una u otra razón. Es la causa que explica la existencia de muchos fenómenos paranormales y extraordinarios. ¿O es que ya no recordáis la historia de la niña, el perro y Ricky Martin? Mucha gente ha visto moverse la bandera en la Luna, ¡en una fotografía! En una fotografía no se ve el movimiento, y, si se ve, se aprecian borrones. No voy a explicar otra vez por qué nos parece que se mueve, que cansa.

 

Me tomé la libertad de rebautizar el caso de falsa memoria como falacia del traje de luces, en la charla-coloquio de Escépticos que tuvimos en Bilbao la pasada semana.

 

Buzz Aldrin, fotografiado por Armstrong, saluda a la bandera de EEUU. Misión Apollo 11. Crédito: NASA. AS11-40-5874.

El efecto Streisand y los viajes a la Luna

Corría el año 2003 cuando Barbra Streisand denunciaba tanto al sitio pictopia.com como al fotógrafo Kenneth Adelman por usar una imagen aérea de sus propiedades para un anuncio de la costa de California. El fotógrafo se ocupaba de fotografiar la costa de California para advertir su erosión. De hecho, en el sitio californiacoastline.org pueden verse una serie de imágenes de un elevado interés geológico. En esta página puede consultarse la fotografía además de alguna documentación sobre el caso en cuestión.
Barbra Streisand quería defender su privacidad pero, tras el litigio, el efecto que consiguió fue el opuesto. Es decir, los curiosos quisieron ver la fotografía y hoy puedes encontrarla por cualquier parte. A esta reacción social se le conoce como efecto Streisand.
¿Qué tiene que ver todo esto con los viajes a la Luna? Cuando comencé mis estudios sobre los viajes a la Luna y las teorías de la conspiración me dispuse a encontrar absolutamente toda la información posible al respecto y divulgarla. Me encontré con mucha gente en el camino que decía que no merecía la pena hablar de ello, pues se daba publicidad, personas que me decían que era mejor gastar las energías en otros cometidos. Después de varios años sigo sin llegar al extremo de no querer hablar del tema, pero sí es cierto que determinadas hipótesis son mejor ni comentarlas, por lo ridículas que pueden llegar a ser. Prefiero perder el tiempo explicando cómo funcionaban las fases del Saturno V o cuáles eran las partes de un traje espacial de los que fueron a la Luna.
A James Oberg le propuso la NASA escribir un libro para rebatir las teorías de la conspiración lunar, pero poco tiempo después la NASA se retractó en base a, precisamente, el efecto Streisand, aunque no lo llamaran así. Podrían darle más publicidad de la que se merece, así que retiró la propuesta, aunque Oberg dijo en su momento que escribiría el ensayo. Por contra, la NASA emplea gran parte de su presupuesto en divulgación y educación. Hace poco hemos visto un vídeo con fotografías de los lugares de los alunizajes, aunque ya en 2009 nos regaló imágenes parecidas por el 40 aniversario de la proeza, a pesar de que en muchos sitios estén diciendo que son las primeras.
Insisto, no me niego a hablar del tema, ni mucho menos. La prueba está en que sigo atendiendo a los medios cuando me es posible y doy facilidades para dar conferencias y cursos. Cuando alguien me dice que quiere leer algo me permito la osadía de recomendarle mi libro. Si tiene mucho tiempo le recomiendo esta bibliografía necesaria. Y, sobre todo, que piense por sí mismo, que mire los textos con sentido crítico.
Las personas serias, las organizaciones serias, universidades, etc., no entran a trapo en discusiones inacabables repartiendo insultos a discreción en una espiral inútil. Este blog y yo mismo hemos sufrido repetidos ataques gratuitos enfocados a mi propia persona. Muchos me han recomendado que escriba una entrada respondiendo a los insultos y difamaciones, no voy a caer en el efecto Streisand. El que insulta es el que se humilla.
Aquí se habla de ciencia.
PD1: me motiva a escribir sobre el efecto Streisand el blog En el fondo del asunto.
PD2: hasta este verano no me enteré de aquello que ocurrió con las niñas de Zapatero, me lo comentó una amiga y es un caso claro de efecto Streisand.
PD3: algo parecido está pasando con un tuit sobre anorexia o algo por el estilo, no me he molestado en buscarlo y pido que nadie lo enlace aquí.

No discutas con frustrados

Me tomo la licencia de copiar más abajo -tal cual- el decálogo de mi amigo José A. Pérez Las diez maneras de detectar a un frustrado, para llevármelo a mi propio campo. En general, los partidarios extremistas de las pseudociencias pierden los nervios con rapidez y en vez de discutir sobre los argumentos, alegan insuficiencias en la personalidad del contrario, llegando al insulto y la descalificación (en archiconocido argumento ad hominem). No dudo ni por un momento que se trata de un problema de debilidad mental, un problema psicológico, por eso no me gusta reírme de este tipo de personas. Personas que no entienden el funcionamiento de la ciencia y del conocimiento en general y que caen en el argumento ad ignorantiam y en vez de reconcer que es imposible conocer todo, acaban frustrados. Yo mismo soy un ignorante de muchos temas, por eso me gusta la ciencia e investigo cada día, pero no invento conspiraciones ni me creo el primer power point que llega a mi buzón de correos. Lo mejor es, simplemente, no discutir con este tipo de personas.Sin duda, la forma de detectar a un amante de la pseudociencia viene por el punto cinco:

 

5. Tiene una posición formada acerca de cualquier cosa, siempre basada en opiniones de terceros, desde la política interna de Zimbabwe hasta el software libre.

Es además un signo de inmadurez, la típica reacción de adolescente y su necesidad de definirse y mostrarse ante los demás como un yo único, un modo de intentar mostrar que se sabe todo y que todo se tiene muy analizado y razonado. Hagámosno un favor, tengamos sentido del humor, riámonos de nosotros mismos, seamos humildes no teniendo tantas cosas tan claras en la vida, no pensemos que el mundo conspira para fastidiarnos, no culpemos a los demás de nuestros fracasos y, sobre todo, discutamos sin insultarnos. Se aprende mucho de esta manera.

"Las pseudociencias ¡vaya timo!" [Libro] y su prólogo

Ya está aquí, ya es una realidad. Se trata del libro número catorce de la colección Vaya timo y en él se recogen artículos del físico y fiólosofo de la ciencia Mario Bunge. Lo más aclaratorio es que pase la nota de prensa de la editorial, Laetoli. Abajo tenéis el prólogo de Alfonso López Borgóñoz, para abrir boca. Es realmente interesante. El libro tardará en llegar a las librerías un par de semanas.

Traducción de Rafael González del Solar
Prólogos de Alfonso López Borgoñoz,
Cristina Corredor y Rafael González del Solar
Colección ¡Vaya timo!, 14
256 páginas
PVP: 18,00 €
ISBN 978-84-92422-24-1

Este libro, coordinado por Alfonso López Borgoñoz, recopila los artículos más significativos sobre las pseudociencias de Mario Bunge, uno de los filósofos más importantes de la actualidad.

«Los científicos y los filósofos —escribe Mario Bunge— tienden a tratar la superstición, la pseudociencia y hasta la anticiencia como basura inofensiva o, incluso, como algo adecuado al consumo de las masas; están demasiado ocupados con sus propias investigaciones como para molestarse por tales sinsentidos. Esta actitud, sin embargo, es de lo más desafortunada. Y ello por las siguientes razones. Primero, la superstición, la pseudociencia y la anticiencia no son basura que pueda ser reciclada con el fin de transformarla en algo útil: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera —lego o científico— hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura y volverla contra la investigación científica. Segundo, el surgimiento y la difusión de la superstición, la pseudociencia y la anticiencia son fenómenos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma científica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura».

Mario Bunge (Florida, Buenos Aires, 1919) es uno de los filósofos de la ciencia más reconocidos en todo el mundo. Su formación humanística y política se enraizó en los barrios obreros de Buenos Aires, que recorrió de niño junto a su padre, médico y diputado socialista. A los 19 años fundó la Universidad Obrera Argentina (UOA), que fue clausurada en 1943 por el gobierno de Perón. En la década de 1960 dio clases en las universidades de Texas, Temple, Delaware (EE UU) y Friburgo (Alemania) y finalmente se estableció en Canadá, donde ha sido profesor de la Universidad McGill de Montreal, Quebec, la más antigua del país. Autor de más de 50 libros (entre ellos los ocho volúmenes de su Tratado de Filosofía), casi todos en inglés, ha recibido 19 doctorados honoris causa y el premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1982. Sus libros han sido traducidos a numerosas lenguas, incluidas el japonés, el ruso y el chino. Azote de las supercherías, en 1991 alentó la fundación del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP).

Alfonso López Borgoñoz (Valencia,1960) es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Ha dirigido las revistas Universo y El Escéptico y publicado numerosos artículos en defensa del pensamiento crítico. En la actualidad es presidente de Amnistía Internacional en España.

Rafael González del Solar es biólogo, filósofo de la ciencia y traductor freelance. Hasta la fecha ha traducido al castellano ocho libros de Mario Bunge —incluidos los primeros tres volúmenes del Tratado de filosofía—, cuyas ideas intenta aplicar a su propia investigación, especialmente a la filosofía de la ecología.

Cristina Corredor es profesora titular en el departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, donde está adscrita al área de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Ha publicado un libro (Filosofía del lenguaje: una aproximación a las teorías del significado del s. XX, Visor, Madrid, 1999) y artículos en revistas especializadas.

Policía científica: ignorar la ley no te exime de la culpa

Una forma de entender por qué se llama «ley» a una ley científica es porque no se conocen casos que la violen. Si se viola, hay que buscar, en principio, un «porque». Es decir, si levanto con la mano una manzana, no se viola la gravedad porque estoy ejerciendo una fuerza. En principio, repito, todo tiene su porque, el resto son chifladuras mientras no se presenten pruebas. Si hay demasiados «peros» puede ocurrir que le ley restrinja su campo de aplicación para reformularse, y no hay ningún problema. De eso trata la ciencia, de mejorar el conocimiento que se tiene sobre el mundo. Pero, para ello, se deben presentar hechos.

Os traigo al respecto una viñeta del genial Jose Alejandro Tropea, publicado en su blog La risa de la ciencia.

La carga de la prueba: onus probandi

Si yo hoy digo que he visto un unicornio azul, ¿es válido como prueba de ello que te pida que me desmuestres que es mentira? De entrada, deberías dudar. Es a mí a quién le toca demostrar con evidencias que he visto un unicornio. Seguramente cuando muestre una prueba, se entienda que estaba equivocado y no se tratara de un unicornio, al menos de esos mitológicos.

En más de una ocasión se ha hablado aquí de la carga de la prueba o, dicho por los intelectualoides legalistas, onus probandi. Es decir, affirmanti incumbit probatio (a quien afirma incumbe la prueba). El «a mí me funciona» no es una prueba, es una anécdota. Punto. Todo esto para citaros, una vez más, a Javier Armentia, en el artículo Prensa Y Homeopatía: Ahora El Heraldo [negritas mías]:

«Fíjense qué bien: la ciencia no ha encontrado el mecanismo, la farmacología no sabe cómo… qué panda de catetos e ignorantes esos científicos oficiales, ¿verdad? Claro que no se explica que ni la ciencia ni en concreto la farmacología tienen que andar buscando mecanismos o funcionamientos de cualquier afirmación o remedio que uno se invente. Porque precisamente tiene que ser esa persona, ese laboratorio, esa secta o lo que sea que pretende promocionar una presunta terapia, la que ha de demostrarnos y explicarnos adecuadamente que eso funciona y que vale para algo. »

 

Un poquito de por favor.

La ciencia del ratoncito Pérez o por qué la homeopatía está llena de mierda

Me encuentro con una de esas orignialidades que rezuman de mentes maravillosas: American Institute for the Destruction of Tooth Fairy Science. Literalmente sería algo así como «Instituto americano para la destrucción de la Ciencia del Hada de los dientes». El Hada de los dientes, como me dice el amigo Toni en un correo, es el equivalente anglosajón de nuestro Ratoncito Pérez. Es decir, es una institución simbólica que procura dar término a la ciencia mágica, aquella que estudia fenómenos cuya existencia está en entredicho, la ciencia de las hadas y de los cuentos de pinta y colorea.Como puede leerse en el Skeptic’s Dictionary (perdón por las libertades en la traducción, negritas mías):

«Ciencia del Hada de los dientes [Ratoncito Pérez]» es una expresión acuñada por Harrier Hall, M.D. (alias SkepDoc) para hacer referencia a la investigación de fenómenos antes de que su propia existencia haya sido establecida. La Ciencia del Hada de los dientes forma parte de un concepto más ampligo denominado Ciencia de Cuento de hadas: la investigación que tiene por objetivo confirmar una historia inverosímil, creida por millones de mentes científicamente ingenuas. La Ciencia del Cuento de hadas utiliza datos científicos para explicar ciertas cosas, a pesar de que aún no se ha probado que éstas ocurran. Los científicos de Cuentos de hadas piensan erróneamente que si ellos han recogido los datos que son consistentes con sus hipótesis, entonces significa que han recogido datos que confirman sus hipótesis [Véase la entrada Verosímil, no verídico]. La Ciencia del Hada de los dientes busca explicaciones para cosas antes de establecer que estas cosas realmente existen.

No se ha probado que el agua tenga memoria, ni la efectividad de la homeopatía. Por eso, esta instituición comparte con nosotros este divertido póster (imprímelo, ponlo en tu oficina, en el bar, en el autobús, ¡en las farmacias!):

«Si el agua tiene memoria, entonces la homeopatía está llena de mierda. Homeopatía: mierda y azúcar».

Y no es ninguna bobada lo que dice el póster, aunque esté en clave de humor. Porque el agua pasa por muchos lugares en su ciclo. El agua que hoy bebes puede haber formado parte de una piedra, de una nube, de un organismo o de un mojón. ¿Y si ha venido del espacio? así se explicaría que tengamos conocidos que parecen alielígenas. La historia de una sola molécula de agua es dramática, aunque divertida. ¿Se acuerda de todo el agua? Ah nooooo, sólo de lo último que tocó, pues bebamos nuestro propio pis:

Por mi parte, he dejado para las vacaciones el último número de la colección ¡Vaya timo!: La homeopatía ¡vaya timo! Ahí es nada.

Verosímil, no verídico

A menudo escuchamos que cualquier hipótesises válida para explicar un fenómoeno. En realidad una hipótesis es una explicación provisional para dicho fenómeno, una explicación que sólo tiene validez durante un tiempo, mientras se diseña un experimento. Las hipótesis son el vehículo inicial para llegar a posteriores conclusiones. Todos, absolutamente todos los seres humanos tienen hipótesis propias sobre los acontecimientos naturales.El caso es que una hipótesis puede ser verosímil, pero no tiene por qué ser verídica. Veamos las definiciones de ambas para entenderlo: 

verosímil.

1. adj. Que tiene apariencia de verdadero.

2. adj. Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.

verídico, ca.

(Del lat. veridĭcus).

1. adj. Que dice verdad.

2. adj. Que la incluye.

Así que una hipótesis debe cumplir con un requisito: aparentemente debe explicar con cierta lógica los sucesos. Sin embargo, puede que esa explicación sea no verídica, es decir, que no diga la verdad. Si esto se descubre, hay que buscar otra hipótesis. Además, no podemos tomar cualquier hipótesis a la ligera: hay que alegar al principio de economía. Si vemos una luz brillante en el cielo: ¿es más probable que sea un objero humano o extraterrestre? Y cuando digo más proble me refiero a la vericidad. El que la luz sea de un amigo de ET será verosímil (para mí no) pero para nada es verídico. No es difícil entender que el no asimilar la diferencia entre estos dos términos puede llevar un pensamiento a convertirse en pseudociencia.

Concluyendo: cualquier hipótesis no es válida. Ni siquiera a priori. Primero debe ser verosímil y, luego, verídica, para que esta hipótesis se convierta en explicación de algo. Es una forma de entender que la lógica, lo que es de sentido común, no es siempre la explicación verdadera. El sentido común puede jugar malas pasadas.

Esta es mi forma de analizar las propuestas de los conspiranoicos lunares en mi libro. Os dejo dos páginas escaneadas en las que se explica esto mismo.


Sobre el libro La conspiración lunar ¡vaya timo!:

Editorial Laetoli.
– Apoyo multimedia.
– Anotacioens en medios.
– 10 experimentos para realizar en el aula.