IV Concurso de relato breve ‘La ciencia y tú’: Tu superhéroe de la ciencia

El Museo de la Ciencia de Valladolid convoca ya su IV edición del concurso de relato breve. Es una alegría que un concurso que relacione ciencia y literatura se vaya consolidando en lengua hispana. Las bases las puedes encontrar en la web de El Norte de Castilla. En las tres categorías propuestas tienes como uno de los premios el carné para el museo, durante un año. Es un museo completo y de fácil visita, todo a mano y con módulos tan curiosos (no sé si permanece) como en el que dan la posibilidad de mover un tren con la mente. Disfruté mucho cuando lo intenté y no lo logré, más de cuatro mil intentos se habían registrado hasta el momento y, como cabía esperar, cero éxitos. Fue en este museo donde un inexperto Eugenio presentaba por primera vez su librito naranja La conspiración lunar ¡vaya timo!

Como detalle, comentar que uno de los premios será la biografía de Arquímedes, de un servidor, que firmaré gustoso al ganador. Ánimo, que tenemos mucho que contar.

 

¿Sabías por qué el perrito de Toy Story se llama «Slinky»?

La respuesta es inmediata: un slinky es un muelle muy largo usado como juguete y para demostraciones de física y ciencia en general.

El Slinky original fue creado en 1945 por el ingeniero Richard James. Betty, la mujer de James, lo llamó "Slinky", después de ver en el diccionario que la palabra significaba "elegante y gracioso" (aunque la acepción actual según el Cambridge es distinta, véase: http://dictionary.cambridge.org/dictionary/british/slinky?q=slinky). Haciendo clic en la imagen puedes leer más sobre la historia del slinky.

 

 

El tronco del perrito es, precisamente, un muelle de este tipo.

Slinky, el simpático perrito de Toy Story

Hace unos días en Fogonazos se enlazaba un vídeo sobre uso muy extendido del slinky en Física. Nosotros ponemos una selección de los cortes publicitarios del slinky de los 60, el de los 70 y el de los 80. En el primero que se enlaza, aparece un perrito del estilo del de Toy Story.

Qué es y qué no es magufo

Es común en los foros escépticos y en las listas de correos el uso del término magufo. Como bien dice Luis Alfonso Gámez, hay una confusión generalizada entre los vocablos «magufo» y «crédulo». Magufo es el que engaña, crédulo es el engañado. No son, pues, sinónimos. Gámez además apunta que ya tenemos el término engañabobos, el cual, ciertamente, es meridianamente claro y no conlleva confusión: hay engañabobos y bobos. Por cierto, entré en aquello del escepticismo escuchando a Manuel Toharia hablar de los engañabobos.

Personalmente no me molesta el término magufo, pero es cierto que lo uso mal en ocasiones, tomando al crédulo por magufo. Y también es verdad que la palabritaestá ya muy extendida. Si queremos usar el término, usémoslo bien.

En Magonia, puede leerse sobre magufo:

«Magufo es un término utilizado generalmente en listas de correos, foros de Internet y otros ámbitos por personas escépticas de las pseudociencias para referirse informalmente a los promotores de éstas.

Se llama magufos, por ejemplo, a los astrólogos, ufólogos, homeópatas y a los practicantes de pseudociencias en general; también se refiere de esa manera a personas que se atribuyen poderes sobrenaturales como los psíquicos y otros supuestos dotados; de manera semejante el término magufo se hace extensivo a ciertos periodistas especializados en lo esotérico y lo paranormal que fungen de tales sin cuestionar si el objeto de su especialización existe realmente más allá del mundo de las creencias.

La palabra es el resultado de una combinación de mago y ufólogo. Fue acuñada en 1997 en la lista de correo Escépticos por Xoan M. Carreira, y pronto ganó aceptación entre la comunidad escéptica de habla hispana.

Es frecuente la confusión entre el magufo y el crédulo. El magufo no cree necesariamente en lo que practica o vende. Un crédulo es quien acepta de forma acrítica las afirmaciones de los magufos y a menudo es cliente de sus servicios, consumidor de sus productos o víctima de sus timos. En ese sentido un magufo puede ser también quien se aprovecha de la credulidad ajena».

¿Quién acuñó el vocablo termómetro?

Tal vez el antecedente histórico más antiguo del termómetro sea el termoscopio, atribuido a Filón de Bizancio (siglo III a. C.). Será Galileo quien en 1592 construye el primer termómetro de gas y Jean Leurechon el que acuña por fin el término actual, en 1624. Leurechon es más conocido por su trabajo Recreations Mathematiqyes (podéis descargarlo gratuitamente en el enlace).

El término termómetro proviene de del grieto θερμός (termo) el cuál significa «caliente» y μέτρον (metron), «medida». Así pues, es un instrumento que sirve, como sabes, para medir la temperatura.

La entrada del DRAE:

termómetro.

(De termo- y ‒́metro).

1. m. Fís. Instrumento que sirve para medir la temperatura. El más usual se compone de un bulbo de vidrio que se continúa por un tubo capilar y que contiene mercurio o alcohol teñido; su dilatación por efecto de la temperatura se mide sobre una escala graduada.

Termómetro Rubik
Y como las frikadas y las thinks geek son marca de la casa, mi termómetro-rubik.

¿De dónde proviene la palabra muerciélago?

En muchos pueblos y muchos de nuestros abuelos dicen «murciégalo» en vez de «murciélago». Y no van muy desencaminados, antes de reírte del habla de otro es bueno que te informes de dónde provienen las palabras para saber si eres tú el que está equivocado. O si los dos tenéis razón. En nuestro caso, el término correcto actual es murciélago, sin embargo se produjo una metátesis (cambio de lugar de algún sonido en un vocablo) entre las dos sílabas finales. Según la DRAE:

murciélago.

(De murciégalo).

1. m. Quiróptero insectívoro que tiene fuertes caninos y los molares con puntas cónicas. Tiene formado el dedo índice de las extremidades torácicas por solo una o a lo más dos falanges y sin uña. Es nocturno y pasa el día colgado cabeza abajo, por medio de las garras de las extremidades posteriores, en los desvanes o en otros lugares escondidos.

Efectivamente, proviene de «murciégalo», como podemos ver, v. gr., en wikipedia:

una metátesis del original murciégalo, formado por la expresión del castellano antiguo mur cego «ratón ciego», derivada del latín mus, muris «ratón» y cæculus, diminutivo de cæcus «ciego».

Nota pedante 1. El nombre científico de los murciélagos es chiroptera, palabra que proviene de los términos griegos, cheir (χειρ), mano, y pteron (πτερον), ala.

Nota pedante 2. No es cierto que los murciélagos sean ciegos, tienen una agudeza visual baja, eso sí. Utiliza la vista para distancias largas, cuando la ecolocación no es posible. La ecolocación es la habilidad que tienen los murciélagos para conocer la situación de los objetos que los rodean mediante el el rebote de los ultrasonidos que ellos mismos generan.

Autor de la imagen: Alfonso Augusto. Wikipedia.

"Alea iacta est": El azar y las flores

La primavera sevillana está llena de encantos y olores. Entre ellos, la embaucadora esencia de la flor del naranjo: el azahar.

Fuente: AntoniAna. (flickr)

Lo interesante es que el término azar y el término azahar tienen un origen común: flor en árabe. Se explica bien en los enlaces y no merece la pena que copie, pues sería duplicar contenidos en internet. Así que ahí os dejo la captura.

Fuente: Etimologías.

Y si buscas aleatorio, puedes comprobar que viene de «alea», dado en latín. Un latinajo famoso es la expresión Alea iacta est, una locución que se atribuye a Julio César y que da comienzo a la guerra con Pompeyo. Literalmente sería «Se echó el dado», hoy la usamos para designar que «La suerte está echada».

¿Qué significa ‘Ceteres paribus’?

Aunque no me gusta indagar en los contenidos de wikipedia, tengo que reconocer que este caso lo describen bien:

Cæteris páribus, frecuentemente escrita como ceteris paribus o céteris páribus, es una locución latina que significa permaneciendo el resto constante. Ceteris significa lo demás o el resto, como en et cétera (y el resto) del que deriva la palabra etcétera. Par significa igual, como en la expresión castellana a la par.

Precisamente este procedimiento puede presumir de ser uno de los precursores del éxito de la física. Es muy común que se analice un experimento manteniedo algunas variables constantes. No es lo mismo que “ignorar algunas variables”, pero sí es cierto que se ignoran las variables cuando éstas no afectan al experimento de manera relevante.

A menudo he escuchado barbaridades del tipo «Galileo estaba equivocado», «Galileo mintió», etc. Equivocado está el que dice tales dislates, además de que no ha leído nada de la pluma galileana. Galileo era plenamente consciente de que estaba limitando sus conclusiones a un conjunto de variables, sabía que el aire ofrecía una resistencia. Y es en este punto donde aplicó el ceteres paribus para abastraerse, eliminar el aire y emitir su ley de la caída de los graves. Que por cierto no le vino de la nada, fue un largo proceso que derivó de los estudios arquimedianos del movimiento de graves en los fluidos.

La física tiene esa suerte, juega con los componentes «primeros» de la naturaleza, es capaz de estructurarla, de tomar lo que interesa y de controlar los experimentos. En otras ciencias el estudio se va complicando y, por eso, tardaron más en evolucionar y llegar a una formulación más moderna (piénsese que la química no arrancó del todo con la revolución científica y que la biología ha dado el gran salto en el siglo XX, cuando se ha podido valer de la ciencia y tecnología creada por la física y la química).

Y de las «ciencias» sociales ni hablemos. Qué podemos controlar ahí.
Curiosidades:

Entrada relacionada: Locuciones latinas