Neurozapping [Libro]

Cualquier pretexto es bueno para hablar de ciencia. En los últimos años se ha generalizado el uso del mundo de los súper héroes para hablar de física y de ciencia en general. Hoy os traigo «Neurozapping», la propuesta de José Ramón Alonso, quien mantiene un blog de temas muy variados, no solo de ciencia, llamado UniDiversidad. José Ramón Alonso es director del Laboratorio de Plasticidad neurona y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Salamanca. Tiene en su haber varios libros publicados y ha ganado los premios de divulgación científica más conocidos de España: Teresa Pinillos y Prisma.

 

«Nerurozapping» es el segundo libro que publica Laetoli en la colección Las dos culturas sobre el tema de la neurociencia. El primero fue «Neurociencia para Julia», de Xurxo Mariño, del que debo una reseña. Alonso utiliza como excusa las series de televisión para tratar temas relacionados con la neurociencia. El lector comienza leyendo la presentación de la serie, por si hubiera algún despistado que no la recuerde y, sin saber cómo, estás leyendo sobre el síndrome de Asperger, el síndrome de Tourette, los efectos de la ricina en el sistema nervioso, el síndrome de las mujeres desesperadas (curioso esto), la encefalofagia, el donjuanismo, la epilepsia, la anosmia y un sinfín de temas interesantes. Cuando el lector ya está introducido en el mundo de la neurociencia y había olvidado por completo que se había comenzado hablando de una serie, el autor recuerda algún personaje de la serie y realiza las conexiones pertinentes. Todo muy natural, bien tejido y con unos capítulos que gozan de la extensión perfecta para lecturas de fin de verano.

Y, por supuesto, no faltan los pasajes divertidos. El autor se atreve a salir de las series para indagar en el concurso televisivo español más veterano: «Saber ganar». No puede dejar de llevarse por la tentación (y todo para acabar hablando de la discalculia):

 

«Con Jordi Hurtado hay bromas sobre su supuesta mortalidad (se dice que murió hace años y RTVE se niega a reconocerlo) y su inmortalidad (que tiene un trato con el diablo para mantenerse igual década tras década). En un monólogo de El club de la comedia, Santiago Segura preguntaba: "¿Que Jordi Hurtado ha muerto? ¿Otra vez?"»

 

El propio autor presentaba su libro con el índice, en UniDiversidad. Este índice lo dice todo:

 

La tortura del bebedor avaricioso

La «Odisea» es un libro maravilloso que ha sido fuente de inspiración para una incontable cantidad de generaciones. Situémonos en el Canto XI, Odiseo visita la morada de Hades, se trata del «Descenso a los infiernos» y se cuentan varios horrores. Se habla, por ejemplo, de la tortura de Tántalo:

 

También vi a Tántalo, que soportaba pesados dolores, en pie dentro del lago; éste llegaba a su mentón, pero se le veía siempre sediento y no podía tomar agua para beber, pues cuantas veces se inclinaba el anciano para hacerlo, otras tantas desaparecía el agua absorbida y a sus pies aparecía negra la tierra, pues una divinidad la secaba. También había altos árboles que dejaban caer su fruto desde lo alto -perales, manzanos de hermoso fruto, dulces higueras y verdeantes olivos-, pero cuando el anciano intentaba asirlas con sus manos, el viento las impulsaba hacia las oscuras nubes.

 

Este mito lo comenta Thomas Ewbank en su Descriptive and Historical Account of Hydraulic and Other Machines for raisin water, un tratado de 1857. Y lo saca a colación de la conocida como «copa de de Tántalo», aunque recibe a veces el nominativo copa de Pitágoras porque también hay una leyenda alrededor de su invención. Una curiosidad que nos cuenta Thomas Ewbank su libro arriba citado es que el vocablo «tantalize» (atormentar) proviene de Tántalo. En otra referencia interesante encuentro que se atribuye la descripción del dispositivo a Herón de Alejandría, algo bastante verosímil, dada la condición de ingeniero del heleno. Se trata de The Philosofical Transactions and Collections, una compilación publicada en Londres en 1734 por John Eames y John Martyn.

The Philosofical Transactions and Collections (1734), página 165.

Primero veamos en qué consiste el dispositivo y luego hablemos de Pitágoras y de qué relación tiene con el mito de Tántalo. En la literatura actual encuentro algunas veces copa de Arquímedes, pero no hay referencias antiguas a esta forma de llamarlo. La copa de Tántalo obliga al comensal que la usa a rellenarla solo hasta cierta altura, si supera dicho nivel la copa se vacía por un orificio practicado para tal efecto. De hecho, en este tipo de copas se ha construido un conducto preparado para que actúe como sifón bajo una condición, si se sobrepasa ese un nivel concreto. En la siguiente secuencia de imágenes se puede ver cómo funciona y su estructura.

 

Créditos: Wikipedia.

 

En A el vaso está vacío. A medida que se va rellenando el vaso, como puede verse en B, el conducto también se llena, dejando aire en la zona en U del conducto. Pero si se supera el nivel (situación C) por encima del propio conducto habrá expulsado todo el aire y la presión atmosférica hará de las suyas por mediación de la superficie del líquido, haciendo que se siga derramando toda el agua (D). Se puede construir fácilmente una copa de Tántalo con la parte superior de una botella de plástico y con una cañita curvada, de las de zumos individuales. Me he permitido construir una, ahí os dejo dos imágenes, además de un vídeo.

 

 


Como decía, en la literatura antigua no he conseguido encontrar referencias nominativas a esta copa, es más que dudoso que el propio Pitágoras fuera el primero en fabricarla. En la isla de Samos, según leo en wikipedia (no he podido confirmarlo), venden la copa a modo de souvenirs con la inscripción: «La tradición dice que Pitágoras, durante las obras de abastecimiento de aguas de Samos sobre el 530 a. C., moderó el consumo de alcohol de los trabajadores inventando la "copa justa". Cuando el vino sobrepasa la línea, la copa se vacía por completo, por lo que se castiga la codicia». Los trabajadores sufren la tortura de Tántalos, a medida que más quieren beber, menos beben. Es evidente que los seres humanos tendemos a exagerar los logros de nuestros compatriotas y, sobre todo, sacar provecho de los turistas. Eso sí, tengo claro que si voy a Samos me traigo una.

En conclusión, la avaricia vacía el vaso.

Mariela, 1972. Un asesinato en Rota [Libro]

En una noche de agosto de 1972 aparece el cadáver de una muchacha, en la playa del Chorrillo, en Rota. Las circunstancias son muy extrañas, sobre todo el hecho de que junto al cuerpo se encuentra un teléfono móvil Nokia. En 1972. Es imposible no acordarse de Marty McFly y de Doc, el simpático científico loco de Regreso al Futuro. En un principio puede resultar abusivo el uso del presente histórico, pero a medida que se van desarrollando los acontecimientos (a veces esperados, a veces no), esta sensación no solo desaparece sino que se convierte en un recurso fundamental.

 

Mariela, 1972. Un asesinato en Rota no es un libro de ciencia ficción al uso, tampoco es un libro de divulgación científica. No se trata de una novela negra clásica y tampoco se nos ofrece historia de amor de las de toda la vida. Sin embargo, en sus aproximadamente trescientas páginas pueden sentirse cómodos los lectores de ciencia ficción, divulgación científica, novela negra y pataletas románticas. Una historia, por tanta, llena de barnices de distintas escuelas y una equilibrada miscelánea de colores. Tenemos en la mano la opera prima de José Antonio Lucero, un joven roteño Licenciado en Historia y Master en Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla. Ha conseguido introducir algo de física sin mojarse los dedos y, además, navegando por el relato se encuentra el lector con algunas sorpresas de Asimov y Wells. Explicar algo más podría ser considerado spoiler. Hasta aquí puedo leer.

En la página web del libro puedes dar respuesta a preguntas frecuentes, además, puedes ver cómo comprar el libro, incluida la opción de que te lo manden a casa firmado y todo.

Stoker y el año de los murciélagos y los murciégalos

Me gusta el doodle que dedica Google a Bram Stoker, el creador de Drácula y que nació el 8 de noviembre de 1847:

 

 

Y es que esta celebración me recuerda algo: el año de los murciélagos 2011-2012. Podéis encontrar información en Year of the bat. También quería recordar de donde proviene la palabra murciélago.

 

 

Decálogo para cultivar el pensamiento crítico

Abajo compartimos el epílogo del libro «El libro para pasárselo bomba con las pseudociencias» (Nisekagaku wo 10-bai tanoshimu hon, de Hiroshi Yamamoto, Rakkōsha, 2010), traducido del japonés por Jesús Espí, de Entomoblog, con el que tuve la suerte de compartir una visita a la exposición Tesoros del desierto de Gobi, en Cosmocaixa Madrid, momento en el que tuve además la suerte de conocer a América Valenzuela.

Epílogo. Cultiva el pensamiento crítico

Yūho: Al final, ¿qué podemos hacer para no dejarnos engañar por las pseudociencias?

Padre: Ante todo, «mantener siempre presente la duda». No debes creer a la ligera todo lo que diga la televisión o veas escrito en libros o en internet.

Por otra parte, también debes sospechar cuando oigas cosas como «lo creo porque lo dice algún famoso» o «lo creo porque todos piensan así». Como has visto, lo que creen los famosos y mucha gente son, en realidad, pseudociencias.

Yūho: Ya, pero «duda» es una palabra que tiene una imagen negativa, ¿no?

Padre: No necesariamente. Ya has visto que las pseudociencias suelen ser peligrosas, difamatorias y sirven para sacar dinero. Y en los peores casos, incluso pueden provocar la muerte. Tomar precauciones para no caer en ellas es lo más correcto como persona.

Por supuesto, tampoco es cuestión de dudar sistemáticamente de todo. No hace falta dudar de una conversación normal. Pero cuando te encuentres con alguna historia jugosa, de miedo, que desconozcas o contraria al sentido común, lo primero que tienes que hacer es comprobar su veracidad.

Diez consejos para no dejarse embaucar por las pseudociencias:

  1. Comprobar la procedencia de la historia.
  2. Investigar quién lo ha dicho.
  3. Fijarse en la terminología.
  4. Echar un vistazo a las críticas.
  5. Fijarse en las cifras.
  6. Pensar con lógica.
  7. Hacer experimentos.
  8. Dudar sobre lo que se está viendo.
  9. No confundir el deseo con la realidad.
  10. Aprender el conocimiento científico correcto.

Padre: Si tienes cuidado en estos puntos, creo que reducirás las posibilidades de que te engañen.

1. Comprobar la procedencia de la historia

Padre: En primer lugar, hay que comprobar la veracidad de la historia. Es muy posible que, en realidad, sea pura invención como pasó con el «Cinturón de fotones» o el «Efecto del centésimo mono».

Yūho: Y todavía hay gente que engaña a los demás con mentiras, como los teóricos de la conspiración del 11 de septiembre, ¿verdad?

2. Investigar quién lo ha dicho

Padre: También es importante saber quién fue el primero que habló del tema. Evidentemente, personas que no son científicos y que hablan de temas que trastocan la ciencia actual –el «mensaje del agua», las teorías de la conspiración sobre el Apolo, la oposición a la teoría de la relatividad o la existencia del móvil perpetuo– están equivocadas desde el punto de vista científico. No debes confiar en ellas.

Yūho: Pero también hay científicos que han propuesto pseudociencias, ¿no?

Padre: En esos casos, tienes que comprobar su especialidad. Un científico fuera de su campo de estudio no deja de ser un aficionado. Es preferible no tomar en serio a un físico si habla de geología o a un médico si habla de física.

Por supuesto, también es importante comprobar si las teorías de esas personas tienen aceptación dentro del ámbito científico. Si la comunidad científica todavía no ha aceptado lo que proclaman uno o varios científicos, es muy posible que estén equivocados.

3. Fijarse en la terminología

Padre: Las pseudociencias suelen usar estos términos con bastante frecuencia: «ondas», «dimensiones superiores», «ondas escalares», «iones negativos», «agregados de agua». Si las oyes, es muy posible que se trate de alguna pseudociencia.

Yūho: También hay gente que no sabe lo que son y usa con un significado equivocado términos como «onda electromagnética», «fotón» o «ión», ¿verdad?

4. Echar un vistazo a las críticas

Padre: Si se trata de una pseudociencia, seguro que alguien la está criticando. Lee, compara y reflexiona sobre qué opinión es la acertada.

Yūho: Pero es muy difícil juzgar quién tiene razón cuando no se está muy puesta en ciencia.

Padre: Uno de los métodos para descubrir que se trata de una pseudociencia es si responde o no a las críticas. La ciencia auténtica corrige sus errores. Los autores de Lo que no hay que comprar o los teóricos de la conspiración del 11 de septiembre no escuchan las críticas y se mantienen en sus trece, repitiendo siempre la misma cantinela; si les señalas sus errores y no los corrigen, se trata de pseudociencia con toda seguridad.

5. Fijarse en las cifras

Padre: En las pseudociencias suelen aparecer multitud de cifras. Si son accesibles, trata de hacer cálculos.

Yūho: Cierto. Cuando hablamos de la cantidad de plaguicidas que quedaban en los productos alimenticios e hice los cálculos, me di cuenta de los ridículos que eran los resultados.

6. Pensar con lógica

Yūho: ¡Ah! ¡Esto también lo sé! Por ejemplo, las teorías de la conspiración sobre el Apolo y el 11 de septiembre no tienen por dónde cogerse: si la bandera se movía, podían haberla considerado como una toma falsa, ¿no? o ¿qué sentido tenía lanzar un misil contra el Pentágono?

Padre: También hay muchos que sostienen que lo de la energía libre es una conspiración. Dicen que si aún no se le ha dado una utilidad práctica es porque las empresas petrolíferas y los fabricantes de coches lo están impidiendo.

Yūho: ¿Cómo es que aún no ha salido a la luz una conspiración tan grande? Además, ahora los fabricantes de coches han empezado a sacar modelos que ahorran energía. Si de verdad pudieran hacerse coches que funcionan sin gasolina, ¿no serían las primeras en investigarlo activamente?

Padre: Cierto.

7. Hacer experimentos

Padre: Aunque sea imposible hacer experimentos caros o que requieran instalaciones caras, hay experimentos sencillos que se pueden hacer en casa.

Yūho: ¿Por ejemplo?

Padre: Los que hicimos en su día sobre eliminar las nubes o derribar a gente con el quigong. (Ver El libro para pasárselo bomba con los programas de ocultismo.)

Yūho: ¡Ah! ¡Es verdad! Esos no cuestan nada.

8. Dudar sobre lo que se está viendo

Padre: Los que creen en las nubes sísmicas piensan que han visto una nube extraña cuando en realidad no es más que el rastro dejado por un avión. Los teóricos de la conspiración del Apolo no se creen que el pequeño módulo de ascenso pudiera dejar la luna cuando ven las imágenes del despegue y los del 11 de septiembre creen que el desplome de las torres del World Trace Center parece la demolición con explosivos de un edificio. Ambos casos tienen una explicación científica aunque no lo parezca. Juzgan basándose en sus propias impresiones subjetivas.

Yūho: El ilusionismo es algo parecido; muchos trucos engañan a la vista.

Padre: Por eso mismo no hay que fiarse de la subjetividad. Las cosas no tienen por qué pasar necesariamente como uno las ve.

9. No confundir el deseo con la realidad

Padre: La gente que se creyó el libro Los peligros del cerebro de videojuego quiere que los videojuegos sean peligrosos. Los partidarios del creacionismo no desean bajo ningún concepto que el ser humano descienda del mono. Pero una cosa es el deseo y otra muy diferente es la realidad.

Yūho: Eso es porque la realidad nunca suele ser como uno desea. Por ejemplo, nunca se sacan buenas notas en los exámenes, nunca es suficiente el dinero de la paga... (risa)

Padre: Las pseudociencias abusan de las aspiraciones de la gente. Deseos como estar sano, adelgazar, ganar dinero, conocer el carácter de los demás...

Yūho: Sí, hay muchos.

Padre: Por eso hay que saber distinguir claramente entre el deseo y la realidad. Cualquier historia que hable de concederte los deseos es, en principio, sospechosa.

10. Aprender el conocimiento científico correcto

Padre: Al final, creo que todo se reduce a esto. Adquirir el conocimiento científico correcto minimiza el riesgo de caer en las garras de la pseudociencia. Con los conocimientos de ciencia de secundaria se pueden rebatir bastantes.

Yūho: Eso significa que tengo que hincar los codos con las ciencias, ¿no?

Padre: No basta sólo con estudiar. No debes olvidar de adulto lo que has aprendido.

La mayoría de la gente embaucada por las pseudociencias tiene el bachillerato y estudios universitarios. Lo que pasa es que muchos han olvidado lo que aprendieron. Da igual que saques buenas notas en los exámenes; de nada te sirve estudiar si no aplicas esos conocimientos en la vida real.

Yūho: Ya veo. La ciencia es útil en la vida, ¿verdad? ¡No debo olvidarlo!

Gracias Jesús por compartir tus conocimientos.