Medicina sin engaños [Libro]

Medicina solo hay una, la que cura. Esta es la consigna que Mulet levanta en la mano durante todo el discurso que mantiene en su tercer libro de divulgación científica, Medicina sin engaños. En la introducción (puedes leerla de forma gratuita), avisa al lector:

«No soy médico. Por lo tanto, en esta obra no vas a encontrar ninguna indicación sobre qué tratamiento seguir para una enfermedad, ningún consejo para que tomes tal o cual medi- camento ni ninguna pauta para prevenir una determinada dolencia».

Así es, pero su experiencia en investigación científica y su titulación (bioquímico) le sitúa en una posición de conocimiento adecuado, sabe de lo que habla. Lleva años luchando contra las pseudociencias en general y contra las pseudomedicinas, en particular. Su labor divulgativa desde la asociación escéptica ARP y el blog Naukas avalan una relación estrecha con el lector más profano. Y es que si Mulet abría un camino con Los productos naturales ¡vaya timo! y había dejado huella tras Comer sin miedo, este tercer libro lo eleva a la primera fila de los divulgadores científicos en lengua castellana.

No tiene problema el autor en ser tajante con aspectos de sobra conocidos y que, sin embargo, a veces el ciudadano de a pie olvida. Un ejemplo es esa idea de que antes se vivía más y mejor, una falacia fácilmente desmontable:

«La edad de oro de la que habla la mitología de diferentes culturas, en la que el hombre era feliz, no tenía que trabajar y no enfermaba, no existió nunca».

El tono del libro varía entre irónico y sarcástico, no espere el lector encontrar un tratado de medicina. Se trata de un recurso que Mulet maneja a la perfección (hay momentos en que tienes que soltar una carcajada), pues para poder desmontar algunas falacias o falsas ideas preconcebidas el único medio —a veces— es el humor. Y es que un médico (de los de verdad) no te diagnostica al azar ni por anécdotas, «el hecho de que un médico te diga lo que tienes y te prescriba un tratamiento es la consecuencia de varios milenios de historia de la medicina». Sin embargo, las pseudomedicinas son obra de unos iluminados, de momentos concretos en la historia y de su propia experiencia. No nos engañemos, la medicina (la de verdad) «ha conseguido que dolencias que eran mortales, como una otitis o una caries, ahora sean poco menos que anecdóticas». En este sentido de contraste con las pseudomedicinas, Mulet acierta al decir:

«También es cierto que los fallos o los errores suelen magnificarse porque siempre es más llamativo un titular en el que se lea: “Un fármaco causa la muerte de varios pacientes” que “Miles de fármacos salvan la vida de miles de pacientes todos los días”, siendo las dos afirmaciones ciertas».

El autor sabe que la medicina (la buena) es el resultado de una actividad humana, «no es más que la acumulación de aciertos y el descarte de errores del pasado». Por contra, en las pseudomedicinas vemos que los errores se acumulan y no hay una intención de enmienda: que no hay moléculas de un principio activo en una disolución acuosa, nos inventamos la memoria del agua. En este caso estamos hablando de la homeopatía. Mulet arremete contra todas las pseudomedicinas, sin pelos en la lengua, porque en materia de salud hay que ser valientes y decir las verdades en mayúsculas. Entre una enorme lista de «medicina chunga» encontramos: homeopatía, osteopatía, psicoanálisis, naturopatía, hidroterapia, acupuntura, quiropráctica, magnetoterapia, etc. Y entre las chorradas varias podemos leer sobre epidemias de autismo, curas milagrosas del cáncer, negacionismo del sida y antivacunas.

Es destacable que J. M. Mulet no deja cabos sueltos, analiza los argumentos que suelen usar los «clientes» de los pseudomédicos, tales como el «amimefuncionismo» o como la manida historia de que las farmacéuticas malísimas empresas que nos quieren robar (es mejor donarle el dinero a un pseudomédico). Refuta estos argumentos con palabras sencillas, pero no lo reproduciremos aquí, será mejor dejar al lector que lo descubra por sí mismo, viajando por las páginas de Medicina sin engaños. Los tiempos en los que creíamos que dentro de nosotros había una fuerza vital han pasado a la historia, hoy sabemos que el funcionamiento de nuestro organismo se rige por reacciones químicas. Conocer estas reacciones es y ha sido una de las bases de la medicina actual. No podemos ignorar esto, el mejor camino para luchar contra estafadores y timadores es la educación. «La información es la mejor defensa contra la estafa». Al final del libro nos ofrece un estupendo Decálogo para evitar pseudomédicos, una lista de simples consejos y, sin embargo, sabios. Consejos de cajón, tales como que «si te duele algo, ve al médico». Y si aún así no lo tienes claro:

«Guíate por el principio de que si una terapia parece una gilipollez, realmente lo es».

J. M. Mulet ha dejado en el panorama editorial una obra de referencia y pone tarea al lector, aunque no sabemos si es consciente de ello. Las múltiples referencias dejan al usuario del libro con ganas de seguir

investigando, con el deseo de poder leer toda la bibliografía e indagar en todos los casos que se cuentan (asombrosos algunos, surrealistas). Tal vez a Destino le ha faltado cerrar el libro con un índice por palabras, para poder navegar con soltura por el texto y revisar los conceptos importantes. Les animo que lo incluyan en la segunda edición, pues este libro de Destino está destinado al éxito más rotundo.

 

Puedes encontrar a Mulet en:

 

Homeopatía y el ‘amimefuncionismo’

En cualquier conversación te encuentras con gente que dice «a mí me funciona» cuando se habla de homeopatía. Es el denominado amimefuncionismo. Hoy traemos el capítulo Homeopatía de la serie Escépticos. Lo que no terminan de entender los amantes de la homeopatía es que de ninguna manera está demostrado que funcionen los remedios homeopáticos. Tal vez funcione el tratamiento del homeópata, tal vez funcione el ambiente relajado al que se someta el paciente, tal vez funcione cualquier otra cosa relacionada con el proceso, etc., pero no los remedios en sí, no las pastillitas de azúcar que venden como medicina.

En medicina entran en juego una gran cantidad variables y es por eso que se hacen interminables ensayos clínicos, por acotar el blanco del remedio y entender su acción. Cuando se hace un estudio científico es imprescindible aplicar el ceteres paribus, es decir, estudiar una variable mientras se controlan las demás para que no afecten en los resultados. Por ejemplo, si dejamos caer un cuerpo, no es buena idea hacerlo un día de viento, pues podemos pensar que los objetos en un campo gravitatorio caen formando curvas. Si hablamos de medicina la cosa se complica, lógicamente, pues es muy difícil controlar los efectos de los medicamentos. Por eso se deben hacer ensayos clínicos de todos los tipos. Los medicamentos convencionales pasan estos ensayos y son conocidos los mecanismos que se producen a nivel molecular. Sin embargo, cuando se trata de remedios homeopáticos, la existencia de estudios de estos mecanismos es nula. Y, por definición, debe ser así. No pueden existir porque en estos remedios casi no hay moléculas del principio activo o no hay ninguna. Es decir, no puede haber una acción si no hay un agente que actúe. No existen estos estudios, punto. Los únicos estudios -publicados sólo en revistas sobre homeopatía- son a nivel anecdótico, es decir, se centra en la respuesta en el paciente. Esto significa que la causa del efecto que se quiere probar no tiene por qué ser el remedio homeopático. Puede ser cualquier otra cosa. Ceteres paribus.

En este sentido el paciente cae en la falacia post hoc ergo propter hoc. Lo cual me recuerda a la investigación de la cucaracha. Esta falacia consiste en relacionar una un efecto con una causa, ya sea por proximidad física, temporal o por simple error de conocimiento. Y no se trata aquí de decir que el paciente es tonto, ni mucho menos, pues cae en esta falacia por necesidad, no por falta de sustancia gris. El que está enfermo o tiene un ser querido enfermo necesita agarrarse a algo. El ejemplo típico que ilustra esta falacia es:

1. El gallo siempre canta antes de la salida del sol.

2. La salida del sol es provocada por el canto del gallo.

El ejemplo no es baladí. Pensemos en los hombres de hace 10 000 años. No conocían los movimientos planetarios, ni podrían imaginar lo que es un planeta. No es ninguna banalidad pensar que ellos pudieran llegar a esa conclusión. De hecho, este tipo de falacias son el punto de partida del pensamiento mágico en general. Si hoy un 38 % de la población española -como se dice en el documental- consume o ha consumido homeopatía se debe a la gran crisis de valores que caracteriza al siglo XXI. Nos hemos quedado huérfanos, sin creencias en las que agarrarnos. Necesitamos nuevas brujas, magos y hechiceros.

Os dejo ya con el capítulo Homeopatía. Os recuerdo que el director de esta serie es José Antonio Pérez y su presentador es Luis Alfonso Gámez. Mis felicitaciones además a Juan Ignacio Pérez, que aparece entrevistado en torno a su Cátedra de Divulgación Científica de la UPV.

NB: En este artículo se ha hablado con respeto y consideración, por tanto, no se publicarán comentarios insultantes ni subidos de tono.

¿Es más importante la vida de tu hijo o presumir de ser un ignorante?

El Profesor de Biotecnología J.M. Mulet escribe una carta a los padres que deciden no vacunar a sus hijos, una decisión bárbara, inconsciente e irresponsable, fruto de la moda del anti-todo que impera en esta era que nos toca vivir. Mulet ya colaboró con Ciencia en el XXI para hablarnos de los transgénicos, con un artículo que recomiendo.

Hoy mola ser anti-todo, aunque sea a costa de lucir la ignorancia en una pancarta o, lo que es peor, presumir de no investigar y no pararnos un rato a leer toda la información que nos llega. Es mejor quedarte con esa presentación de diapositivas que te manda el amigo o compañero conspiranoico que todos tenemos en nuestro entorno. El asunto es bien fácil: ¿por qué hay tanta gente que hace caso a un sólo artículo en contra de algo cuando hay miles a favor? La historia es que además aquella idea de que las vacunas son malas malísimas era una farsa -como nos contaba L.A. Gámez-, pero eso ya da igual, mola ser anti-todo, aunque las tasas de mortalidad infantil hayan decrecido de forma vertiginosa.

No es buena idea repetir la carta aquí. Está llena de sorna, sí, con más razón debes leerla. Está en el blog Los productos naturales ¡vaya timo!, bajo el título Carta a unos padres que han decidido no vacunar a sus hijos.

Hazte un favor y haz caso de los médicos, no de los correos en cadena.