Si alguien te pidiera memorizar una lista absurda de palabras —árbol, coche, lluvia, puerta, niño—, lo más probable es que no intentaras recordarlas tal cual. Harías algo mucho más eficaz: inventarías una pequeña historia. Un niño corre bajo la lluvia, se refugia en una casa, cierra la puerta, ve un coche, mira un árbol. De repente, lo que era ruido se convierte en recuerdo.
La evidencia es que ese truco funciona demasiado bien.
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