Placebo Domino in regione vivorum

El hombre que hablaba con los delfines y otras historias de la neurociencia [libro]

Leer un libro de Jose Ramón Alonso siempre es una delicia. No siempre tengo tiempo de escribir anotaciones de todos los libros que leo, es más, he leído ya varios libros de este maestro de las historias y solo comenté Neurozapping. Y es que las obras de Alonso están llenas de historias fascinantes, hablar de ellas es juego de spoliler. Hoy quiero hacer referencia a «El hombre que hablaba con los delfines y otras historias de la neurociencia», publicado por Almuzara/Guadalmazán en 2015.
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El estilo de José Ramón Alonso me gusta, a título personal, hasta el punto de copiarlo de forma incosciente: la naturalidad en el discurso, la cercanía con el lector, la perfecta extensión de los textos y la exquisita interdisciplinariedad que desprenden sus historias hacen de su lectura una experiencia agradable en cualquier momento y cualquier lugar (puedes dejar de leer las etiquetas de los champús). Y lo que más me atrae: las conexiones que establece entre distintos personajes, una marca personal que engancha. Hoy traigo dos semillas de historias, una curiosidad cultureta que podéis encontrar en su sitio web y otra que pretende motivar una lectura interesante.

La curiosidad cultureta

Alonso nos habla en El efecto placebo y el señor Enero de más de un tema (lo mejor es que lo leas al completo), aunque lo que quisiera resaltar es este extracto:

«En el siglo VIII la Iglesia Católica estableció un Oficio de Difuntos en el cual el celebrante recitaba verso a verso el Salmo 116 y la congregación respondía con el verso 9 de este mismo salmo. Este verso 9 en la Vulgata, la versión en latín de la Biblia, dice así “placebo Domino in regione vivorum” que en la traducción del poco latín que me inculcaron los hermanos de La Salle significa algo así como “complaceré al Señor en la tierra de los vivos” aunque en la Biblia que tengo en casa lo presenta como “Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes.” Traduttore, traditore.

En los países mediterráneos, la costumbre en los velatorios era y es agasajar a los parientes y amigos que iban a transmitir sus condolencias a la familia del difunto y a rogar por él. velatorioEn tiempos de escasez como en la Edad Media, personas de todo pelaje se acercaban por la casa del difunto simulando pena y dolor con la esperanza de recibir comida y bebida gratis. Como lo primero que hacían estos caraduras era cantar el verso “placebo Domino in regione vivorum” se les llamaba “cantantes del placebo” y el término placebo fue incorporándose a distintas lenguas (francés, inglés, español) para referirse a un simulador, a un sustituto falso y sin valor».

Metidos en tarea, un lector que no se conforma navega por las redes y encuentra maravillas como esta, el salmo cantado que acaricia los oídos:

https://www.youtube.com/watch?v=fvHU1H3x-Mw

Mi alemán es nulo, Como me comenta Antonio Marín por twitter, parece neerlandés, al menos he creído entender que la partitura pertenece a Toon Daems, en su página personal puedes escuchar su Requiem, con partituras incluidas.

TarC-LLC-63

1686. Archivo histórico de la Archidiócesis de Tarragona. Fuente: Universidad Autonómica de Barcelona.

 

La lectura interesante

La literatura referida a criminales es un tema que siempre me ha fascinado, por suerte Alonso lo trata en más de una ocasión. En concreto me gusta la historia «Neurocriminales». Una vez más, no quisiera desvelar nada, pues este libro debe ser leído y descubierto por el propio lector. Aquí solo quiero recomendar una lectura anacrónica, que sorprende al hombre contemporáneo: «Criminal man, according to the classification of Cesare Lombroso» (1910), disponible en archive.org. Se trata de un texto lleno de controversia, pues Lambroso (1835-1909) realizó una clasificación de los criminales según ciertas características físicas, sirva usted mismo la discusión.

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«Criminal man, according to the classification of Cesare Lombroso» (1910)

Volumetric glove

El guante volumétrico, uno de los primeros detectores de mentiras tentativos.

Neurozapping [Libro]

Cualquier pretexto es bueno para hablar de ciencia. En los últimos años se ha generalizado el uso del mundo de los súper héroes para hablar de física y de ciencia en general. Hoy os traigo «Neurozapping», la propuesta de José Ramón Alonso, quien mantiene un blog de temas muy variados, no solo de ciencia, llamado UniDiversidad. José Ramón Alonso es director del Laboratorio de Plasticidad neurona y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Salamanca. Tiene en su haber varios libros publicados y ha ganado los premios de divulgación científica más conocidos de España: Teresa Pinillos y Prisma.

 

«Nerurozapping» es el segundo libro que publica Laetoli en la colección Las dos culturas sobre el tema de la neurociencia. El primero fue «Neurociencia para Julia», de Xurxo Mariño, del que debo una reseña. Alonso utiliza como excusa las series de televisión para tratar temas relacionados con la neurociencia. El lector comienza leyendo la presentación de la serie, por si hubiera algún despistado que no la recuerde y, sin saber cómo, estás leyendo sobre el síndrome de Asperger, el síndrome de Tourette, los efectos de la ricina en el sistema nervioso, el síndrome de las mujeres desesperadas (curioso esto), la encefalofagia, el donjuanismo, la epilepsia, la anosmia y un sinfín de temas interesantes. Cuando el lector ya está introducido en el mundo de la neurociencia y había olvidado por completo que se había comenzado hablando de una serie, el autor recuerda algún personaje de la serie y realiza las conexiones pertinentes. Todo muy natural, bien tejido y con unos capítulos que gozan de la extensión perfecta para lecturas de fin de verano.

Y, por supuesto, no faltan los pasajes divertidos. El autor se atreve a salir de las series para indagar en el concurso televisivo español más veterano: «Saber ganar». No puede dejar de llevarse por la tentación (y todo para acabar hablando de la discalculia):

 

«Con Jordi Hurtado hay bromas sobre su supuesta mortalidad (se dice que murió hace años y RTVE se niega a reconocerlo) y su inmortalidad (que tiene un trato con el diablo para mantenerse igual década tras década). En un monólogo de El club de la comedia, Santiago Segura preguntaba: "¿Que Jordi Hurtado ha muerto? ¿Otra vez?"»

 

El propio autor presentaba su libro con el índice, en UniDiversidad. Este índice lo dice todo: