El aumento de diagnósticos de autismo tras la pandemia tiene una explicación que pocos esperaban

El número de diagnósticos de trastorno del espectro autista (TEA) ha aumentado de forma notable en distintos países durante los últimos años. Ese incremento ha dado pie a toda clase de interpretaciones: desde la idea de que el autismo es cada vez más frecuente hasta hipótesis que relacionan el fenómeno con los cambios sociales o incluso con la pandemia de COVID-19. Sin embargo, las cifras, por sí solas, no permiten responder a esa pregunta.

Un estudio publicado en JAMA Network Open aporta ahora una perspectiva mucho más matizada. Tras analizar casi una década de registros médicos de un gran sistema sanitario estadounidense, los investigadores observaron que el aumento de diagnósticos registrado después de 2020 no se distribuye de manera uniforme entre la población. Al contrario, el crecimiento se concentra casi por completo en un grupo específico, lo que apunta hacia una explicación muy distinta de la que suele aparecer en los titulares.

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Un aumento que desaparece al separar los datos

Los investigadores analizaron los historiales clínicos electrónicos de 171.134 personas que mantuvieron un contacto continuado con el mismo sistema sanitario entre 2016 y 2024. Su objetivo era medir cuántos diagnósticos nuevos de autismo aparecían cada año y comprobar si la pandemia había alterado esa evolución. El análisis permitió seguir la incidencia anual del trastorno diferenciando por edad y sexo, algo que suele quedar oculto cuando únicamente se presentan cifras globales. 

Los datos parecían confirmar una impresión ampliamente extendida. Después de una disminución progresiva hasta 2020, los diagnósticos comenzaron a aumentar de nuevo. Si el estudio hubiera terminado ahí, la conclusión habría sido sencilla: tras la pandemia se diagnosticó más autismo que antes.

Pero los autores decidieron profundizar un paso más. Al separar los resultados entre hombres y mujeres apareció un patrón completamente diferente. Mientras la incidencia en varones permanecía estable o incluso descendía ligeramente, el incremento procedía casi exclusivamente de los diagnósticos realizados en mujeres, especialmente entre las adolescentes. 

La evolución de los diagnósticos cambia por completo al separar los datos por sexo. Mientras las tasas en hombres permanecen estables o disminuyen ligeramente, en mujeres aumentan de forma sostenida tras 2020. Fuente: Erick Messias et al. (JAMA Network Open, 2026).

Las niñas y las mujeres estaban cambiando la estadística

El hallazgo más relevante del estudio no es que existan más diagnósticos, sino quiénes están siendo diagnosticadas ahora. Entre 2020 y 2024, la incidencia anual en mujeres aumentó alrededor de un 19 % cada año, mientras que en las adolescentes el incremento alcanzó aproximadamente un 22 % anual. En cambio, entre los hombres no apareció un crecimiento comparable. 

El incremento observado tras la pandemia refleja, en buena medida, que el sistema sanitario está identificando a personas que antes pasaban desapercibidas.

Además, las mujeres recibían el diagnóstico, de media, 3,4 años más tarde que los hombres. Esa diferencia temporal coincide con una idea que cada vez recibe más respaldo científico: los criterios diagnósticos tradicionales se desarrollaron fundamentalmente a partir de estudios realizados en niños, por lo que muchas manifestaciones del autismo en niñas y mujeres han pasado inadvertidas durante años. 

El propio artículo señala que el crecimiento agregado ocultaba una importante diferencia entre sexos. Esa observación resume el núcleo del trabajo: las cifras globales sugerían una expansión generalizada del autismo cuando, en realidad, estaban reflejando una mejora en la identificación de personas que anteriormente no eran reconocidas como autistas. 

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¿Qué papel desempeñó realmente la pandemia?

La coincidencia temporal con la COVID-19 podría hacer pensar que existe una relación directa entre ambos fenómenos. Sin embargo, los propios investigadores son muy prudentes al interpretar los resultados. El estudio no demuestra que la pandemia provocara un aumento del autismo, ni tampoco que existan más casos debido al coronavirus. 

Existen varias explicaciones alternativas que encajan mejor con los datos. Durante los primeros meses de la pandemia se suspendieron numerosas revisiones médicas, programas de detección precoz y evaluaciones presenciales. Cuando los servicios sanitarios recuperaron su actividad, muchas valoraciones pendientes pudieron realizarse finalmente.

Cuando los datos se separan por sexo, la aparente explosión de diagnósticos deja de ser uniforme y revela un cambio muy concreto: el aumento se concentra en niñas y mujeres.

A ello se añadió la expansión de la telemedicina y una mayor visibilidad pública del autismo, especialmente gracias a mujeres adultas que comenzaron a compartir sus experiencias en redes sociales y otros espacios de divulgación. Ese contexto pudo facilitar que muchas personas identificaran rasgos compatibles con el trastorno y solicitaran una evaluación profesional. El estudio, además, repitió los análisis eliminando los datos correspondientes a 2020 y observó que la tendencia seguía presente, lo que indica que la pandemia, por sí sola, no basta para explicar el fenómeno. 

Las adolescentes concentran el mayor incremento de nuevos diagnósticos tras 2020, un patrón que apenas aparece entre los varones de la misma edad. Fuente: Erick Messias et al. (JAMA Network Open, 2026).

Más que un aumento del autismo, un cambio en la forma de reconocerlo

El trabajo también recuerda una limitación importante: los investigadores analizaron el primer diagnóstico registrado dentro de ese sistema sanitario, no necesariamente el primer diagnóstico recibido a lo largo de la vida de cada paciente. Eso significa que el estudio mide cambios en los registros clínicos, no cambios en la aparición biológica del autismo. 

Aun así, la conclusión resulta especialmente relevante. Si una parte importante del aumento corresponde a personas que llevaban años sin ser identificadas, el crecimiento de las cifras refleja una mejora diagnóstica más que una auténtica explosión de nuevos casos. Esta interpretación también ayuda a entender por qué tantas mujeres reciben el diagnóstico en la adolescencia o incluso en la edad adulta, después de haber pasado buena parte de su vida sin una explicación para muchas de sus dificultades.

Las estadísticas pueden cambiar porque aumenta una enfermedad, pero también porque aprendemos a reconocerla mejor.

El estudio no cierra el debate sobre la evolución del autismo, pero sí introduce un matiz esencial. Las estadísticas pueden cambiar porque cambia la enfermedad, pero también porque cambia nuestra capacidad para reconocerla. En este caso, la evidencia apunta a que ambos fenómenos no deben confundirse y que una parte importante del incremento observado tras la pandemia responde, sencillamente, a que el sistema sanitario está empezando a ver a personas que antes permanecían invisibles.

Referencias

Erick Messias, Emily Casanova, Regina Huang, Siri Battula, Rachel Loftin, McKenna Walsh y Ping-I Lin, “Autism Spectrum Disorder Incidence by Age and Sex in a US Health Care System, 2016 to 2024”, JAMA Network Open (2026). DOI: https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2026.24561

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