El vacío no es transparente a todo: la señal cuántica encontrada en un magnetar

Vacío es una palabra engañosa cuando entra en juego la física cuántica (hasta para el cerebro, como hablamos en este otro artículo). En la experiencia cotidiana designa la ausencia de materia, un espacio aparentemente neutro por el que la luz puede propagarse sin encontrar nada que la perturbe. La electrodinámica cuántica ofrece una descripción bastante menos tranquila: incluso el estado de mínima energía de un campo posee propiedades físicas capaces de afectar a la radiación cuando las condiciones son suficientemente extremas.

Una de sus predicciones más difíciles de comprobar es la birrefringencia del vacío, relacionada con el trabajo que Werner Heisenberg y Hans Euler publicaron en 1936. El efecto requiere campos magnéticos de una intensidad extraordinaria, muy por encima de lo que resulta sencillo mantener en un laboratorio terrestre. La naturaleza dispone, sin embargo, de lugares donde esas condiciones aparecen de forma espontánea: los magnetares, estrellas de neutrones cuyos campos magnéticos pueden superar los 1014 gauss. El magnetar 1E 1547.0−5408 se ha convertido ahora en uno de los escenarios más interesantes para buscar ese efecto. 

Ciencia en el XXI
COMPLEJIDAD DE LECTURA
Lectura intermedia
Incluye varios conceptos científicos y requiere cierta atención, aunque los aspectos esenciales se explican durante el artículo.

Cuando el vacío adquiere propiedades ópticas

La birrefringencia resulta familiar en determinados materiales. Un medio birrefringente presenta índices de refracción diferentes dependiendo de la polarización de la luz que lo atraviesa. La electrodinámica cuántica predice que algo parecido puede ocurrir incluso en el vacío cuando está sometido a un campo magnético suficientemente intenso. En ese régimen, las distintas polarizaciones de los fotones dejan de propagarse exactamente de la misma manera. 

El origen está en lo que suele denominarse polarización del vacío. En la descripción cuántica, el vacío está asociado a fluctuaciones y puede responder a campos electromagnéticos extremos. En el caso de un magnetar, el campo magnético modifica los índices de refracción correspondientes a los dos modos de polarización de la radiación. La dirección de polarización de los rayos X puede así permanecer vinculada a la estructura del campo magnético mientras la luz atraviesa la magnetosfera, incluso a distancias de decenas o centenares de radios estelares. El resultado previsto es una polarización neta mucho mayor de la que cabría esperar si los fotones se propagasen sin este efecto. 

Aquí aparece una dificultad experimental considerable. Detectar luz polarizada procedente de una estrella de neutrones no basta para demostrar la birrefringencia del vacío: la propia superficie, la atmósfera y la geometría del campo magnético también condicionan la señal observada. La cuestión decisiva consiste en averiguar qué combinación de procesos puede explicar simultáneamente la intensidad, el grado de polarización y su evolución durante la rotación de la estrella.

Grado y ángulo de polarización de los rayos X de 1E 1547.0−5408 en diferentes intervalos de energía. La polarización es especialmente elevada entre 2 y 3 keV y disminuye de forma apreciable entre 3 y 4 keV. Fuente: Rachael E. Stewart et al. (Nature, 2026).

Un magnetar visto desde una posición privilegiada

1E 1547.0−5408 tiene un periodo de rotación de 2,09 segundos y un campo magnético ecuatorial superficial estimado en unos 2,2 × 1014 gauss. Además, presenta una característica poco habitual: es un magnetar que emite de manera persistente tanto en rayos X como en radio. Esa combinación permitió estudiar el mismo objeto mediante tres instrumentos complementarios: IXPE y NICER en rayos X, y el radiotelescopio Murriyang, de 64 metros, en Parkes. Las observaciones coordinadas se realizaron entre finales de marzo y comienzos de abril de 2025. 

La radio resultó especialmente útil porque permite reconstruir la geometría del magnetar. La dirección de polarización cambia siguiendo aproximadamente la forma prevista por el llamado modelo del vector rotante, que relaciona esa variación con la orientación del campo magnético. Los autores obtuvieron una separación de apenas 3,4 grados entre el eje magnético y el eje de rotación, mientras que nuestra línea de visión forma unos 7,5 grados con este último. En términos sencillos, estamos observando un magnetar cuyos dos ejes están casi alineados y que vemos desde una dirección próxima a ellos. 

Esa geometría reduce parte de la ambigüedad habitual al interpretar la polarización. Las medidas de rayos X también muestran una variación del ángulo de polarización compatible, aunque con restricciones menos precisas, con la estructura magnética a gran escala. Radio y rayos X proporcionan así dos formas independientes de seguir la geometría del campo, aunque los desfases observados indican que ambas emisiones probablemente se originan en regiones diferentes. 

Los gravitones que no deforman el espacio revelan una familia oculta de cuasipartículas en el efecto Hall cuántico fraccionario - Ciencia en el XXI
Artículo destacado

Los gravitones que no deforman el espacio revelan una familia oculta de cuasipartículas en el efecto Hall cuántico fraccionario

Gravitones quirales en el efecto Hall cuántico fraccionario permiten rastrear cuasipartículas ocultas mediante la geometría de la materia cuántica.

Ir al artículo

Una polarización difícil de explicar

AVISO

Los primeros resultados globales ya llaman la atención. IXPE midió en el intervalo de 2 a 8 keV un grado de polarización medio del 46 ± 4 %, el mayor obtenido hasta ahora entre los seis magnetares observados por el telescopio. En la banda de 2 a 3 keV alcanzó el 59 ± 5 %, frente al 37 ± 5 % registrado entre 3 y 4 keV. 

El análisis espectropolarimétrico lleva el resultado un poco más lejos. Al modelizar la componente térmica, los investigadores obtuvieron una polarización de 65 ± 8 % a 2 keV, que disminuye al aumentar la energía. Y cuando la señal se estudia en función de la fase de rotación del magnetar, el grado de polarización entre 2 y 3 keV llega al 82 ± 15 % en determinados momentos. Incluso cerca de la fase correspondiente al pulso de radio permanece aproximadamente entre el 30 y el 40 %. 

Este último detalle importa porque los modelos convencionales de emisión superficial encuentran dificultades para reproducir conjuntamente esas características. Una atmósfera magnetizada puede producir grados de polarización próximos al 40 %, pero alcanzar alrededor del 65 % resulta bastante más difícil; todavía más exigentes son los valores cercanos al 70-80 % medidos en algunas fases. La señal parece conservar una orientación demasiado coherente para que la propagación a través de la magnetosfera pueda tratarse como si el vacío fuese ópticamente indiferente.

Hay además una caída pronunciada de la polarización entre 2 y 4 keV. Los autores consideran que puede estar relacionada con la conversión entre modos de polarización cerca de una resonancia del vacío, otro efecto previsto cuando interaccionan la contribución del plasma y la del vacío polarizado. La dependencia con la energía aporta por tanto una segunda pieza al problema, aunque por encima de unos 4 keV la menor relación señal-ruido aconseja interpretar los datos con prudencia. 

Evolución de la emisión de radio y rayos X durante la rotación del magnetar. Las medidas permiten comparar la intensidad y la polarización en ambas bandas y reconstruir su relación con la geometría magnética. Fuente: Rachael E. Stewart et al. (Nature, 2026).

Encender y apagar la birrefringencia en una simulación

Los investigadores hicieron una prueba especialmente ilustrativa: reprodujeron mediante simulaciones la emisión de rayos X del magnetar y compararon qué sucedía al incluir o excluir la birrefringencia del vacío durante la propagación por la magnetosfera. El modelo incorpora una atmósfera fuertemente magnetizada, distintas geometrías de la región caliente de la superficie y efectos relativistas sobre la trayectoria y la energía de la luz. La birrefringencia puede activarse o desactivarse dentro de la simulación, lo que permite comprobar directamente qué escenario se aproxima mejor a las observaciones. 

Cuando el efecto se elimina, los parámetros de polarización de Stokes Q y U presentan variaciones con la rotación mucho mayores que las observadas. Incluso la mejor configuración encontrada sin birrefringencia ofrece un ajuste deficiente y exige una geometría que tampoco concuerda con la deducida mediante las observaciones de radio. Al incorporar la birrefringencia magnetosférica, la descripción conjunta de la intensidad y la polarización mejora de forma marcada.

Esto explica el alcance real del resultado. Los autores no presentan una demostración independiente de cualquier modelo posible. Sus simulaciones dependen de supuestos sobre la atmósfera, la geometría y la región emisora. Lo que muestran es que, dentro del marco físico analizado, permitir que el vacío modifique la propagación de la luz reproduce mucho mejor las propiedades observadas que tratarlo como un medio sin refracción. 

Una predicción de 1936 frente a los datos

La birrefringencia magnética del vacío lleva asociada una historia experimental difícil. Se han obtenido indicios compatibles con ella tanto en contextos astrofísicos como en experimentos de laboratorio, y otros estudios de estrellas de neutrones y magnetares ya habían encontrado señales relevantes. La medición directa y concluyente continúa siendo un objetivo abierto, algo que los propios autores dejan claro al describir el fenómeno como una predicción de la electrodinámica cuántica todavía no confirmada. 

Lo que distingue a 1E 1547.0−5408 es la combinación de varias pistas: una polarización de rayos X excepcionalmente elevada, su dependencia de la energía y de la fase de rotación, la ausencia de la fuerte despolarización que esperarían algunos modelos y una orientación que sigue la geometría magnética trazada independientemente mediante radio. Las piezas encajan de manera natural cuando la propagación de los fotones está gobernada por la birrefringencia del vacío.

Quedan comprobaciones importantes. Hacen falta observaciones de IXPE más profundas, especialmente para aclarar lo que ocurre a energías altas, y los autores señalan el interés de futuras medidas a energías más bajas, donde podrían aparecer grados de polarización todavía mayores. También será necesario refinar los modelos y separar con mayor precisión los distintos procesos capaces de modificar la señal. 

El resultado convierte así una propiedad abstracta de la electrodinámica cuántica en algo que puede contrastarse observando la luz de una estrella situada a miles de años luz. En torno a un magnetar, aquello que llamamos espacio vacío participa en el viaje de los fotones y puede dejar una huella medible en su polarización. Precisamente esa huella es la que 1E 1547.0−5408 parece estar dejando al alcance de nuestros telescopios.

Referencias

  • Rachael E. Stewart et al., “Vacuum birefringence and the polarized X-ray emission from a radio magnetar”, Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10859-z

La ciencia que merece la pena, en tu correo

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.