Dante imaginó en la Divina Comedia la caída de Satanás como un impacto planetario siglos antes del descubrimiento de Chicxulub

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Una ponencia científica presentada en la EGU propone releer la caída de Satanás en la Divina Comedia como un gigantesco evento de impacto con sorprendentes paralelismos con Chicxulub y la geología planetaria moderna.

La relación entre literatura y ciencia suele contarse en una sola dirección: primero aparece la imaginación y después llegan los instrumentos capaces de convertir ciertos enfoques artísticos en conocimiento verificable. Sin embargo, algunas obras antiguas resultan desconcertantes cuando se releen desde disciplinas que todavía no existían en su época. En esta línea, durante la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias (EGU) un investigador ha propuesto interpretar el Infierno de Dante como una descripción sorprendentemente coherente de un impacto planetario. 

La idea puede parecer extravagante al principio, pero el planteamiento tiene bastante más sustancia de lo que sugiere el titular. La ponencia no afirma que Dante “descubriera” la meteórica moderna ni que anticipara la geología planetaria en sentido científico. Lo interesante es otra cosa: la Divina Comedia construye un modelo físico del mundo en el que la caída de Lucifer altera la propia estructura de la Tierra. Y al compararlo con lo que hoy sabemos sobre cráteres de impacto, ondas de choque y colisiones planetarias, aparecen paralelismos inesperados con fenómenos como Chicxulub o incluso la hipótesis de Theia, el protoplaneta cuya colisión pudo originar la Luna.

Cómo funciona el universo físico de la Divina Comedia

Para entender la comparación hay que recordar que la Divina Comedia no es únicamente un poema alegórico. Dante construyó un cosmos completo, con geografía, astronomía y leyes físicas propias. El Infierno aparece como un gigantesco cono excavado bajo Jerusalén que se estrecha hasta alcanzar el centro de la Tierra, mientras que en el hemisferio opuesto se eleva la montaña del Purgatorio. Ambas estructuras están conectadas entre sí y forman parte de un mismo acontecimiento cósmico: la caída de Satanás desde el cielo.

El Inferno está dividido en nueve círculos descendentes, cada uno asociado a distintos pecados. Dante y Virgilio avanzan por terrazas cada vez más estrechas hasta llegar al último nivel, un lago helado donde Lucifer permanece atrapado desde su caída. La imagen tiene una fuerza visual enorme, pero además posee una lógica espacial muy concreta. El Infierno no es una cavidad arbitraria, pues tiene forma de cráter invertido, organizado en anillos concéntricos que recuerdan, al menos superficialmente, a las grandes cuencas de impacto observadas en la Luna o en algunos planetas rocosos.

La ponencia presentada en la EGU parte precisamente de esa geometría. Timothy Burbery propone leer el descenso de Satanás como un “evento de impacto” en sentido físico. Según esta interpretación, Lucifer atraviesa la corteza terrestre a enorme velocidad, perfora el planeta hasta alcanzar su centro y desplaza una enorme cantidad de materia durante el proceso. 

Los versos donde Dante describe el “impacto”

La clave de toda esta reinterpretación aparece al final del canto XXXIV del Inferno. Allí, Virgilio explica a Dante que la tierra del hemisferio sur huyó de la presencia de Satanás cuando este cayó del cielo, desplazándose hacia el norte y dejando tras de sí el vacío que acabaría convirtiéndose en el Infierno.

Los versos más importantes dicen así:

Ahora, de otro hemisferio te hallas junto,
y bajo el cielo estás de opuesto lado
al que cubre la gran seca en su punto;

y por centro del mundo has ya pasado,
al cual converge el peso de cualquiera
materia, desde todo lo creado.

Y bajo el hemisferio te hallas era,
opuesto al que la gran Judea cubre;
aquí formó montaña levantada;

y el que cayó del cielo, aquí se encubre.

Como resume una nota de la edición de Luis Martínez de Merlo para Cátedra, la caída de Lucifer habría desplazado las masas terrestres formando el embudo del Infierno y, en las antípodas, la montaña del Purgatorio:

«Lucifer fue arrojado del cielo por el hemisferio austral y las tierras que allí se encontraban, por miedo a él, se retiraron hacia el boreal (donde según el pensamiento de la época, se hallaban todas). Todo el hueco que sirvió para formar el embudo del Infierno, se ha levantado en forma de la montaña del Purgatorio, justo en las antípodas del Calvario».

No es una descripción científica, evidentemente, pero sí una explicación física del relieve terrestre. Dante no presenta el Infierno como una región espiritual abstracta, sino como la consecuencia material de una colisión gigantesca. La montaña del Purgatorio sería la masa de tierra expulsada al otro lado del planeta tras el impacto de Lucifer.

Eso es precisamente lo que llamó la atención de Burbery. En su lectura, Satanás funciona casi como un asteroide oblicuo capaz de atravesar el planeta y reorganizar su estructura interna. El investigador compara esta idea con grandes impactos conocidos por la ciencia moderna, desde Chicxulub —el cráter asociado a la extinción de los dinosaurios— hasta la hipótesis de Theia, según la cual un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra la Tierra primitiva hace unos 4500 millones de años. 

Chicxulub, Theia y el Infierno de Dante

Cuando un gran asteroide impacta contra un planeta, la superficie no se comporta como una roca rígida. Durante unos instantes actúa casi como un fluido extremadamente denso. El terreno se hunde, rebota y colapsa formando terrazas concéntricas, picos centrales y estructuras escalonadas. Las ilustraciones clásicas del Infierno de Dante, con círculos descendentes organizados alrededor de un eje central, encajan de manera sorprendente con esa geometría.

La comparación tiene límites evidentes. Dante no conocía la existencia de meteoritos como cuerpos extraterrestres sólidos. De hecho, la meteórica moderna no empezó a desarrollarse seriamente hasta el siglo XIX, cuando las lluvias de estrellas dejaron de interpretarse como simples fenómenos atmosféricos. Pero el poeta sí intentó pensar las consecuencias físicas de una masa gigantesca precipitándose sobre la Tierra a enorme velocidad.

Más que una anticipación científica literal, lo que aparece en la Divina Comedia es un gigantesco experimento mental. Dante necesitaba explicar de forma coherente el origen del Infierno y del Purgatorio dentro de un universo físicamente ordenado. Para hacerlo imaginó un impacto capaz de deformar el planeta entero.

Literatura medieval, geología y experimentos mentales

Hay algo especialmente fascinante en este tipo de lecturas, puesto que nos invita a derrumbar la frontera entre imaginación literaria y pensamiento científico. La cosmología medieval suele caricaturizarse como un conjunto de supersticiones desligadas de la observación física del mundo, pero la realidad era bastante más compleja.

Dante absorbió astronomía aristotélica (incluso Copérnico lo hizo, como contamos aquí), filosofía escolástica, tradiciones clásicas y cosmología cristiana para construir un universo que debía funcionar de manera consistente. Su Infierno tenía que poseer una arquitectura comprensible, una localización precisa y una explicación causal. Aunque esa explicación estuviera basada en teología y simbolismo, también implicaba razonar sobre masas, movimiento, espacio y transformación del terreno.

Dante no describió un Infierno abstracto: imaginó una cicatriz física abierta en el interior de la Tierra.

Por eso la ponencia insiste en la idea de “geomitología”: relatos míticos que contienen descripciones del paisaje o fenómenos naturales reinterpretables desde disciplinas modernas. El interés de estas aproximaciones no consiste en convertir textos antiguos en ciencia avant la lettre, sino en mostrar cómo ciertas culturas intentaron comprender procesos físicos enormes mucho antes de disponer de geología planetaria, telescopios o modelos computacionales.

Un cráter literario cinco siglos antes de la meteórica moderna

La parte más sugerente de esta reinterpretación quizá no sea la comparación con Chicxulub, sino la idea de que una obra literaria medieval pueda funcionar como laboratorio conceptual. Dante no estaba haciendo ciencia, pero sí construyendo un modelo del mundo con reglas internas, relaciones espaciales y consecuencias físicas.

Eso explica por qué la Divina Comedia sigue resultando tan extraña siete siglos después. El poema mezcla teología, astronomía, filosofía natural y arquitectura imaginaria con una precisión casi obsesiva. El Infierno no es simplemente un lugar de castigo: es una estructura geológica nacida de una colisión imposible.

La caída de Satanás en la Divina Comedia funciona como una colisión planetaria capaz de reorganizar hemisferios enteros.

La ponencia presentada en la EGU probablemente no cambiará nuestra comprensión de la meteórica ni de Dante. Pero en tiempos de escritura automática y falta de pausa en la lectura comprensiva viene para salvar una necesidad: la imaginación humana lleva siglos intentando pensar fenómenos que desbordan la experiencia cotidiana. Y a veces, en medio de mitos religiosos o poemas medievales, aparecen «sospechas» físicas que resultan inquietantemente familiares cuando se observan desde la ciencia contemporánea.

Referencias

  • Timothy Burbery, Meteoritics and Dante’s Inferno: Examining Satan’s Fall as an Impact Event, EGU General Assembly 2026, Vienna, Austria (2026). DOI: https://doi.org/10.5194/egusphere-egu26-14300
  • Dante Alighieri, La Divina Comedia, traducción en verso de Bartolomé Mitre, edición dirigida por Nicolás Besio Moreno, Centro Cultural “Latium”, Buenos Aires, 1922.

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