
Hay experiencias que ponen entre las cuerdas nuestra idea de lo que nos parece normal. Escuchar una voz cuando no hay nadie, sentir una presencia invisible, experimentar una coincidencia que parece demasiado perfecta o tener la sensación de observar el propio cuerpo desde fuera son vivencias que muchas personas prefieren callar por miedo a ser juzgadas. Sin embargo, lejos de ser episodios excepcionales, forman parte de la experiencia humana con mucha más frecuencia de la que suele pensarse.
La dificultad no está únicamente en describir lo que ocurrió, sino en darle un significado. Una misma experiencia puede interpretarse como un episodio espiritual, una casualidad, una señal trascendente o un síntoma de enfermedad. Un amplio estudio internacional publicado en PLOS ONE ha querido averiguar cómo interpretan estas experiencias las personas que las viven y qué consecuencias tienen en su bienestar. Para ello analizó las respuestas de más de 5.000 participantes de la población general brasileña utilizando un cuestionario diseñado para separar la experiencia en sí de la interpretación que hacemos de ella.
Más habituales de lo que solemos creer
Las llamadas experiencias no ordinarias abarcan fenómenos muy diversos. El cuestionario empleado por los investigadores incluye desde sensaciones intensas de presencia hasta experiencias cercanas a la muerte, déjà vu, percepciones fuera de lo común, coincidencias extraordinarias o episodios de aparente percepción extrasensorial. Lo importante es que el estudio evita asumir desde el principio qué significan esas vivencias. No parte de la idea de que sean manifestaciones sobrenaturales ni de que constituyan necesariamente un trastorno psicológico. Su objetivo consiste en estudiar cómo las describen quienes las experimentan y cómo les dan sentido.
Esa diferencia metodológica resulta fundamental. Muchos cuestionarios anteriores incorporaban ya una interpretación implícita. Algunos utilizaban un lenguaje claramente religioso; otros las presentaban directamente como síntomas psiquiátricos. El inventario utilizado en este trabajo intenta separar ambos planos para analizar primero el fenómeno y después la forma en que cada persona lo interpreta según su contexto cultural, religioso o personal.

La misma experiencia, cuatro explicaciones distintas
Escuchar una voz sin que haya nadie cerca, sentir una presencia o percibirse fuera del propio cuerpo puede describirse de manera parecida en personas con creencias muy diferentes. Lo que cambia de forma radical es la explicación que cada una atribuye a lo ocurrido. Para alguien puede tratarse de una experiencia religiosa; para otra persona, de un episodio espiritual sin una doctrina concreta; para una tercera, de una coincidencia o de un fenómeno que la ciencia llegará a explicar. En determinados contextos clínicos, además, una vivencia semejante puede interpretarse como indicio de psicosis o disociación.
El estudio no reconstruye una historia completa de estas interpretaciones, por lo que conviene evitar afirmaciones demasiado amplias sobre su evolución histórica. Sí muestra con claridad que la cultura, las creencias personales y el entorno social ofrecen marcos distintos para ordenar una experiencia difícil de clasificar. Algunas tradiciones religiosas valoran estos episodios como señales de crecimiento o contacto con una realidad trascendente. La psiquiatría, por su parte, puede encontrar rasgos parecidos entre ellos y ciertos síntomas recogidos en sus manuales. En otros casos, quien los vive recurre al azar, a una causa física o a una explicación todavía desconocida.
Estas lecturas producen consecuencias diferentes. Una interpretación compartida y aceptada por el entorno puede facilitar que la persona integre lo sucedido. Una explicación que la presenta como enferma, amenazada o fuera de control puede aumentar la angustia y el aislamiento. La experiencia no llega nunca completamente desnuda: adquiere sentido dentro de un repertorio cultural y personal que influye en la forma de recordarla y en el efecto que termina teniendo.
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Ese problema también afecta a las herramientas científicas. Algunos cuestionarios incorporan la interpretación dentro de la propia pregunta. El paper menciona una escala de experiencias espirituales que formula la percepción de una presencia como «sentir la presencia de Dios». En el extremo contrario, determinados instrumentos clínicos describen una sensación comparable mediante expresiones de carga negativa, como la percepción de una «presencia maligna». En ambos casos, el cuestionario orienta la respuesta antes de que la persona pueda describir por sí misma lo ocurrido.
El Inventario de Experiencias No Ordinarias, conocido por sus siglas inglesas INOE, intenta evitar esa mezcla. Sus preguntas parten de rasgos reconocibles de la vivencia —sonidos, visiones, sensaciones corporales, déjà vu, presencias o experiencias fuera del cuerpo— y dejan para después las cuestiones sobre su posible causa, significado e impacto. Primero se registra qué ocurrió desde el punto de vista del participante; después se pregunta cómo lo interpreta.Esta separación permite comparar experiencias similares sin clasificarlas previamente como religiosas, paranormales o patológicas.
Los autores ampliaron el inventario con nueve grupos de preguntas sobre aspectos poco atendidos hasta ahora: el lugar y las circunstancias del episodio, su duración y frecuencia, la edad de aparición, el malestar inmediato, sus efectos posteriores, la reacción del entorno y el grado de control percibido. Antes de utilizar la versión ampliada, la probaron con 160 adultos brasileños. Cada formulación se revisó mediante un proceso iterativo hasta alcanzar un nivel mínimo de comprensión del 80 %. Después aplicaron el cuestionario a 5.117 personas, que informaron sobre una de 38 clases de experiencias.
La aportación metodológica está ahí. El INOE permite estudiar por separado tres niveles que antes aparecían con frecuencia confundidos: la experiencia, el contexto en que sucede y el significado que recibe. Gracias a esa distinción, los investigadores pueden preguntar si el malestar procede del fenómeno, de su falta de control, de la reacción social o de la explicación que la persona adopta. No resuelve qué son estas experiencias en un sentido último, pero ofrece una forma más limpia de estudiar cómo entran en la vida de quienes las tienen.
Haría también una precisión respecto a mi comentario anterior: hablar de cómo estos fenómenos han sido interpretados «históricamente» exigiría fuentes externas, porque el paper no desarrolla una historia detallada de esas categorías. Con los materiales disponibles, la formulación rigurosa sería explicar por qué reciben interpretaciones culturales, religiosas, científicas y clínicas distintas, sin presentar una genealogía histórica que el estudio no aporta.
La forma en que interpretamos una experiencia extraordinaria puede influir más en sus consecuencias que la propia experiencia.
El significado pesa más que la propia experiencia
El resultado que más llama la atención no tiene que ver con la frecuencia de estas vivencias. Se trata de la enorme influencia que ejerce la interpretación sobre sus consecuencias.
Los investigadores observaron que solo el 20 % de los participantes describió un impacto negativo inmediato, mientras que el 25 % afirmó haber experimentado sufrimiento o malestar. En cambio, el 51 % aseguró que aquella experiencia había tenido efectos positivos a largo plazo en su vida.
El propio Ronald Fischer, autor principal del trabajo, resume esta idea con claridad: «Observamos que la mayoría de las personas de nuestra muestra de más de 5.000 participantes que informan de estas experiencias no están enfermas, y la mayoría las describen como neutrales o positivas, tanto cuando ocurren como al recordarlas posteriormente».
Para los investigadores, el verdadero factor diferenciador parece ser el proceso mediante el cual cada individuo integra esa vivencia en su visión del mundo. La misma experiencia puede convertirse en una fuente de angustia o en un acontecimiento con un profundo significado personal dependiendo del marco con el que se interprete.
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Añadir Ciencia en el XXI en GoogleUn fenómeno cotidiano, no necesariamente asociado a la enfermedad
Uno de los aspectos que más cuestiona ciertas ideas extendidas es el contexto en el que aparecen estas experiencias. La mayoría de los participantes afirmó encontrarse despierta, alerta y sin consumir sustancias cuando ocurrieron los episodios, y aproximadamente un 39 % estaba completamente solo. Además, muchos señalaron que sentían cierto grado de control sobre lo que estaban viviendo.
Estos datos resultan especialmente interesantes porque algunos de estos fenómenos comparten características superficiales con síntomas presentes en determinados trastornos psiquiátricos. Sin embargo, los autores recuerdan que la semejanza fenomenológica no implica necesariamente que exista una enfermedad. El contexto, la interpretación personal y el impacto real sobre la vida cotidiana son factores mucho más relevantes para comprender qué está ocurriendo.
Como explica el investigador Jorge Moll, «nuestros hallazgos sugieren que la forma en que una persona interpreta una experiencia inusual importa más que la propia experiencia para determinar si se convierte en una fuente de angustia o de significado».
Más de la mitad de los participantes afirmó que aquella vivencia acabó teniendo un efecto positivo en su vida.
Comprender antes que etiquetar
El estudio también pretende reducir el estigma asociado a estas experiencias. Los autores insisten en que muchas personas encuentran en ellas una oportunidad para reflexionar sobre su vida, reforzar determinadas creencias o desarrollar nuevas formas de entender su propia identidad. En otras palabras, no toda experiencia extraordinaria requiere una explicación clínica inmediata.
Eso no significa que deban ignorarse todos los casos. Los propios investigadores subrayan que si estas vivencias interfieren con la vida diaria o generan un sufrimiento persistente, resulta recomendable consultar con un profesional sanitario. La investigación no pretende trivializar los trastornos mentales, sino distinguir entre experiencias relativamente frecuentes en la población y aquellas situaciones en las que existe un problema clínico que necesita atención.
En última instancia, este trabajo invita a replantear una pregunta que rara vez recibe una respuesta sencilla: cuando alguien vive algo que considera extraordinario, quizá lo más importante no sea decidir inmediatamente si fue real o imaginario, sino comprender qué significado adquiere para esa persona y cómo influye en su vida. Ese cambio de perspectiva podría ayudar tanto a la investigación científica como a la práctica clínica y a reducir el estigma que todavía rodea a este tipo de experiencias.
Referencias
Pedro Fortes et al., “Making sense of the extraordinary – An investigation of the content and prevalence of appraisals of nonordinary experiences”, PLOS ONE (2026). DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0353126
