Los jóvenes con autismo acuden menos a los servicios de salud sexual, pero la atención digital cambia el panorama

La salud sexual suele asociarse a campañas de prevención, anticonceptivos o infecciones de transmisión sexual. Sin embargo, para muchos adolescentes representa algo mucho más amplio e, incluso, complicado. Hablamos de un espacio donde resolver dudas, recibir orientación sobre las relaciones afectivas, hablar de identidad, acceder a métodos anticonceptivos o consultar problemas que, por pudor o desconocimiento, rara vez se comentan en otros ámbitos. Que estos servicios sean accesibles resulta tan importante como que existan, sobre todo para jóvenes en una etapa tan vulnerable.

Un estudio realizado en Suecia acaba de mostrar que ese acceso dista de ser igual para todos. Tras analizar los registros sanitarios de más de 450.000 jóvenes, un equipo del Instituto Karolinska comprobó que los adolescentes y adultos jóvenes con autismo utilizan con mucha menos frecuencia los servicios de salud sexual y reproductiva que el resto de la población. En cambio, ocurre exactamente lo contrario entre quienes tienen un diagnóstico de TDAH, que recurren a ellos incluso más que sus compañeros.

La investigación deja además un resultado especialmente interesante. Cuando la atención se presta mediante consultas digitales, la diferencia observada en los jóvenes con autismo se reduce de forma apreciable. Esto sugiere que la forma de acceder al sistema sanitario puede ser casi tan importante como los propios servicios que ofrece.

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Un análisis de toda una población juvenil

El trabajo, publicado en Autism Research, utilizó registros sanitarios de la región de Estocolmo correspondientes al periodo 2018-2022. En total se incluyeron 454.405 jóvenes de entre 12 y 22 años, una muestra suficientemente amplia como para estudiar diferencias entre distintos grupos de población sin depender de encuestas o cuestionarios.

Entre ellos había cerca de 12.000 personas con autismo, más de 31.000 con TDAH y algo más de 9.000 con ambos diagnósticos. Los investigadores analizaron todas las consultas realizadas en los servicios públicos de salud sexual y reproductiva dirigidos a jóvenes, distinguiendo además entre atención presencial y atención digital. 

Estos centros constituyen una pieza importante del sistema sanitario sueco. Ofrecen asesoramiento sobre anticoncepción, pruebas de infecciones de transmisión sexual, atención durante el embarazo, apoyo psicológico relacionado con la sexualidad y educación sexual adaptada a adolescentes y adultos jóvenes. Por tanto, representan un buen indicador de hasta qué punto distintos colectivos acceden realmente a este tipo de atención sanitaria. 

Proceso de selección de los más de 450.000 jóvenes incluidos en el estudio.

El autismo y el TDAH muestran comportamientos opuestos

Aunque el autismo y el TDAH suelen aparecer juntos en muchas personas y comparten algunas dificultades, el estudio revela que su relación con estos servicios sanitarios es muy diferente.

Los jóvenes con TDAH acudían con mayor frecuencia a las consultas de salud sexual y reproductiva que quienes no tenían este diagnóstico. Esa tendencia aparecía tanto en mujeres como en hombres y también se reflejaba en otros indicadores, como una mayor utilización de anticonceptivos o de servicios relacionados con el embarazo. 

Este resultado coincide con investigaciones anteriores que habían descrito una mayor probabilidad de conductas sexuales impulsivas o de riesgo entre personas con TDAH. Sin embargo, los nuevos datos indican que esas diferencias no parecen deberse a una falta de contacto con el sistema sanitario. De hecho, este grupo utiliza estos recursos con más frecuencia que la población general.

Los jóvenes con autismo recurren mucho menos a los servicios de salud sexual que el resto de la población, mientras que ocurre justamente lo contrario entre quienes tienen TDAH.

El panorama cambia por completo cuando se analiza el autismo.

Los jóvenes autistas recurrían significativamente menos a estos servicios, una diferencia que resultó especialmente marcada entre los varones. Tras ajustar los datos para tener en cuenta factores como la edad o el nivel socioeconómico, los investigadores observaron que los hombres con autismo tenían aproximadamente la mitad de probabilidades de acudir a una consulta presencial que aquellos sin este diagnóstico. 

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El problema puede estar antes de cruzar la puerta

Uno de los aspectos más interesantes del estudio recae en el momento en el que los nvestigadores dejan de preguntarse quién acude a consulta y pasan a analizar qué ocurre después de la primera visita.

Entre las mujeres con autismo que ya habían contactado con estos servicios, el número de consultas posteriores era muy parecido al observado en mujeres sin autismo. En otras palabras, una vez establecido el primer contacto, el seguimiento sanitario dejaba de mostrar diferencias importantes. 

Ese resultado apunta a una interpretación distinta de la que podría parecer a primera vista. El principal obstáculo quizá no sea mantener la atención médica, sino iniciar el contacto con ella.

El estudio apunta a que la principal barrera podría encontrarse antes de la primera consulta, más que en el seguimiento posterior.

La autora principal del trabajo, Lovisa Hellsten, resumía esta idea señalando que «dar ese primer paso para establecer contacto puede representar una barrera importante» para muchos jóvenes con autismo. 

El propio estudio propone varias posibles explicaciones. Las consultas médicas implican con frecuencia situaciones que pueden resultar especialmente exigentes para algunas personas autistas: desplazamientos, salas de espera con abundantes estímulos sensoriales, conversaciones sobre temas íntimos, cambios en las rutinas o incertidumbre sobre cómo se desarrollará la visita. Ninguno de estos factores aparece aislado, pero todos pueden contribuir a que solicitar una primera cita resulte más difícil. 

Utilización de los servicios de salud sexual y reproductiva según el diagnóstico de autismo, TDAH o ambos.

La atención digital cambia parte del escenario

La pandemia aceleró el desarrollo de consultas por videollamada y chat en numerosos ámbitos de la medicina. Aunque durante el periodo estudiado estas herramientas todavía tenían un uso limitado, ofrecieron una oportunidad para comparar ambas formas de atención.

Los resultados muestran que las diferencias entre jóvenes autistas y el resto de la población eran menores cuando la consulta se realizaba de forma digital. Seguían existiendo desigualdades, pero eran menos acusadas que en la atención presencial. 

Las diferencias se reducen cuando la atención se realiza mediante consultas digitales.

Los autores no interpretan este resultado como una prueba definitiva de que la telemedicina resuelva el problema. Se trata de un estudio observacional y, por tanto, no permite establecer relaciones de causa y efecto. Aun así, consideran que estos datos apoyan la idea de que ofrecer distintos canales de acceso puede facilitar que más jóvenes utilicen unos servicios que, de otro modo, quizá evitarían.

La consulta digital elimina algunos elementos que pueden generar ansiedad o incomodidad, como los desplazamientos o determinados entornos clínicos, y permite que el primer contacto se produzca desde un espacio conocido para el paciente. Ese cambio, aparentemente sencillo, podría marcar la diferencia para una parte de la población.

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Un resultado útil para diseñar mejores servicios

Más allá de las cifras concretas, el estudio plantea una cuestión relevante para la organización de la atención sanitaria. Los jóvenes neurodivergentes no forman un grupo homogéneo y sus necesidades tampoco lo son.

Mientras que las personas con TDAH parecen acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva con relativa facilidad, los datos indican que los jóvenes con autismo siguen encontrando obstáculos antes incluso de llegar a la primera consulta. Si esa barrera inicial puede reducirse mediante herramientas digitales o mediante otras formas de adaptar la atención, los beneficios podrían ir mucho más allá de una simple mejora en la accesibilidad.

Los autores consideran que sus resultados deberían servir para diseñar servicios más flexibles y adaptados a las distintas formas de interacción de los pacientes. También señalan la necesidad de seguir investigando qué características concretas de la atención digital facilitan ese acceso y cómo podrían incorporarse a la asistencia presencial. 

En definitiva, el estudio traza una línea para entender que garantizar el acceso a la salud no depende únicamente de disponer de buenos profesionales o de recursos suficientes. También exige que las puertas de entrada al sistema resulten realmente accesibles para quienes más pueden necesitarlas.

Referencias

  • Lovisa Hellsten et al., “Sexual and Reproductive Healthcare Among Youth With Autism and ADHD: A Population-Based Study From Sweden”, Autism Research (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/aur.70306

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